De la dictadura perfecta al populismo perfecto

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AMN.- El jueves 30 de agosto, por la mañana de 1990, el actual Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, fue invitado junto con importantes intelectuales de América y Europa, entre ellos Octavio Paz, para hablar de asunto sobre Europa. En ese entonces estaba terminantemente prohibido que los extranjeros se inmiscuyeran en cuestiones políticas, advertidos de que de no observar esa regla de oro no escrita del sistema político mexicano priista, se les aplicaría el Artículo 33 constitucional, es decir, que inmediatamente serían echados de México.

Inesperadamente y ante la incredulidad de Octavio Paz y del propio mandamás de Televisa, Emilio Azcárraga Milmo, quien se definía como “soldado del PRI”, Mario Vargas Llosa, haría una temeraria calificación del sistema político mexicano:

“Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en aplaudir, como todos los que creemos en la democracia, encaja en esa tradición con un matiz que es más bien el de un agravante”… “México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”.

A Vargas Llosa no se le aplicaría el 33 constitucional, pero su temerario señalamiento causaría estupor entre la clase política gobernante. El escritor peruano se refería más bien a la dictadura perfecta encabezada por el partido gobernante, PRI, cuya democracia daba la impresión de ser impecablemente perfecta, a pesar de que detrás de ella había fraudes electorales, manipulación de importantes capas sociales del país, compra de votos a cambio de vivienda, concesiones de diversa índole y corrupción generalizada.

La calificación de “La Dictadura Perfecta”, haría que el sistema priista fuese sentado en el banquillo de los acusados para analizar su papel en una nación en la que se enterró la dictadura porfirista y se dio paso al México de las libertades, las instituciones y del estado social, algo que no ha sido todavía estudiado de fondo. Ya nada sería igual para la dictadura perfecta.

¿Por qué hago historia? Mire usted, 31 años después, el mismo Vargas Llosa nos habla ahora de un populismo perfecto o ramplón, tan enajenante como la dictadura perfecta del PRI. Al Premio Nobel de Literatura peruano, no le cabe en la cabeza que un presidente de la República como Andrés Manuel López Obrador utilice todos los días, todos los recursos del Estado mexicano, incluyendo los medios de comunicación oficiales para atacar al gremio periodístico de México.

Vargas Llosa es hoy, tan claro y categórico como ayer. “No me gusta la figura de un presidente que se exhibe todas las mañanas comentando los artículos que lee en la prensa y muchas veces censurando o atacando a los periodistas, no me parece que sea la función de un presidente, transgrede esa función”, diría sin ambages en la inauguración del foro denominado: “Los desafíos de la libertad de expresión, hoy”, organizado por la Universidad de Guadalajara.

Vargas Llosa se quedó corto porque le faltó hablar sobre el error político más garrafal que comete el actual presidente mexicano de “dividir y confrontar al pueblo de México”, aunque de pasadita le dio un recargón diciendo que “eso le resta seriedad y respeto”. Pues sí, todo mundo lo entiende, menos el populismo ramplón de AMLO, con quien el juicio de la historia será muy severo porque tuvo la oportunidad de pasar a la historia como un presidente muy querido y respetado, pero le dio por enarbolar el lado del populismo y la mentira, con lo cual su gobierno pasará a la historia como un gobierno del diablo, fundamentado en más de 56 mil mentiras, hasta ahora.

 

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