De oral a imagen

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El uso masivo de la tecnología cambió la cultura. En el campo de la política se pasa del dicho a la imagen; sin embargo, en el terreno de la justicia conserva el beneficio de la duda hasta que se pruebe lo contrario. Es evidente que todo ha cambiado, de manera paulatina. La pandemia quiere ser el catalizador para la transformación de “ese todo”. La interrogante plantea ¿la pandemia podrá cambiar al ser humano?  No, no lo creo. La respuesta real al esperado cambio del comportamiento humano debió verse en estos dos últimos meses. En casi todo el mundo. No ha sido de esa manera.

 

A pesar de la real cercanía con la muerte, a través del virus, el ser humano no ha cambiado. Y es que hemos entendido (o mal comprendido) que esta pandemia es temporal. Que va a desaparecer irremediablemente. Hemos visto al COVID como si fuera una simple gripe, ya que se ha manifestado, con el uso de la tecnología, que casi se tiene la cura. Vamos, es un uso político discursivo de la tecnología. En este sentido y en los últimos días hemos sido testigos de cómo se va develando la práctica de la política a través del uso de la tecnología. En este caso con videos. Lo anterior no quiere decir que la política sea entendida por la masa. Simplemente se estaciona en propaganda.

 

Para que sea comprendida por el conglomerado todavía van a pasar muchos, pero muchos años. El o los videos no educan. Simplemente contiene a los adictos, de cualquier bando. El primer video sobre militantes panistas fue devastador; el segundo donde aparece el hermano del presidente, demoledor. Resultado: son iguales. Si el ser humano es reacio al cambio, los políticos (no todos) digan lo que digan, se resisten a dejar “ese obscuro objeto del deseo”, el cual lo abstrae muy bien Weber con la frase “el poder inicia con el placer de mandar”.

 

El video o la grabación por su mismo contenido no es prueba fehaciente para un acto jurídico. Para que tenga sustento debe ir acompañada de otras pruebas escritas o documentadas. No es suficiente, para un acto jurídico, lo que se encuentre grabado en audio o video por el detenido. Si fuera así, cualquier supuesto culpable puede acusar a quien sea y la autoridad meterlo a la cárcel. Antes la prueba reina para la jerarquía era la declaración firmada, aun a sabiendas que era, en muchas ocasiones, forzada. Hoy, ya no lo es. Y eso es una evolución.

 

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