De regreso al pasado

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Cuando en 1929 Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario, el primer antecedente del PRI, señaló que era necesario pasar del país de caudillos al de las instituciones. En 1938, con Lázaro Cárdenas como presidente, se reconstituyó en el Partido de la Revolución Mexicana, con él se fundaron los sectores campesinos, obreros, que brindaron soporte social al sistema político y para encauzar las demandas. En 1946 se refundó y se formó el Partido Revolucionario Institucional.

México no dejó de ser país de caudillos, pero se agregó la institución que controló y organizó hasta el 1988 los procesos electorales bajo los cuales se accedió al poder de manera paulatina, desde la periferia hasta el centro, porque fue primero en los municipios donde comenzaron a perder el poder y en los estados hasta que 1988, cuando en las cuestionadas elecciones presidenciales demostraron que se había agotado el sistema político mexicano.

En 1972, Daniel Cosío Villegas presentó su clásico libro “El sistema político mexicano”; en él señalaba que el partido y el presidente eran los puntales: el Ejecutivo era quien determinaba carreras políticas y el partido era quien apoyaba esas decisiones a través de las postulaciones; así se combinaba lo que Elías Calles pretendió reformar.

No había pierde: el presidente designaba cargos, el partido postulaba, el gobierno, a través de la Secretaría de Gobernación y de las secretarías de Gobierno en los estados, se encargaba de organizar y realizar las elecciones, que a su vez los poderes Legislativos, Federal y locales calificaban y, como calificaban su propia elección, pocas veces eso significaba algún problema.

El PRI era un partido fuerte, ya fuera por los votos obtenidos legalmente o los logrados por todo tipo de marrullerías que recibieron nombres que formaron parte de la picaresca mexicana, como el Ratón loco, cuando movían las casillas de lugar y provocaban que la gente desistiera de irlas a buscar; Operación Tamal, cuando invitaban a los votantes a desayunar en algún lugar para después llevarlos a votar; embarazar urnas, cuando las ánforas electorales aparecían con votos antes de comenzar la votación; urnas zapatos, cuando había el 100 por ciento de los votos a favor del PRI y ninguno para los partidos opositores.

Aunque había movimientos sociales y partidos opositores, estos tenían pocas oportunidades de éxito porque con el PRI se controlaban los recursos públicos y la asignación de estos, ya fuera en empleos, beneficios sociales o ascensos. Si no se formaba parte de esas bases de apoyo, las posibilidades de éxito eran muy pocas.

Esto duró hasta 1994, cuando se reformó la Ley Electoral y comenzó a ciudadanizarse el organismo que organizaba los procesos electorales: se crearon tribunales electorales. Al retirar el control del gobierno, el PRI comenzó a perder y en 1997 perdió la mayoría en la Cámara de Diputados; en el 2000, la Presidencia de la República. Los dos puntales del sistema político mexicano durante 70 años cayeron y se formó otro.

Después de 26 años que se reformó el entramado legal y de instituciones, el sistema político mexicano, tal como lo describió Cosío Villegas, regresó. Hay un presidente fuerte con mayoría en el Congreso, con una amplia base social que le respalda, con una oposición política disminuida y con muy pocas posibilidades de crecimiento. Por si todo eso no fuera poco, con la amenaza de tomar el control del Instituto Nacional Electoral, es decir, el organismo que se encarga de los procesos electorales.

Lo que está ocurriendo en México es un retroceso de 30 años al sistema político descrito por Cosío Villegas y sí, efectivamente también se está haciendo con el apoyo popular, un poco de represión que están aplicando los simpatizantes de la cuarta transformación sobre los opositores, un poco de ayuda; es decir, la misma vieja fórmula del palo y la zanahoria que nunca falla.

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