De vuelta al encierro

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Cuando comenzó la emergencia por la pandemia de la enfermedad infecciosa del coronavirus (COVID-19), allá por marzo, algunos incrédulos pidieron muertos para creer en la enfermedad y en su letalidad; ahora, a nivel nacional, se rebasaron los 70 mil decesos y en la entidad hay 1,815. Sin embargo, no son todos los muertos, son los registrados en los hospitales y que mueren ahí, recibiendo atención. Por lo tanto, el número de fallecidos es mucho mayor; con seguridad, se podría afirmar que cada persona tiene un familiar o un conocido muerto por la enfermedad.

El negacionismo, que antes se escudaba en la falta de muertes como condición de creer en la enfermedad, buscó nuevas excusas ante cada fase para evitar el confinamiento; a las muertes se les buscaron explicaciones que evitaban y negaban el coronavirus como causa: “murió por diabetes, murió de un infarto, murió por…”, pero la covid-19 no es de naturaleza mortal, lo es cuando se contrae teniendo un padecimiento como los anteriores, de tal manera que la unión de la infección y la enfermedad crónica lo hace letal.

El semáforo fue creado por el Gobierno federal para identificar las fases de salida del confinamiento, no porque la pandemia se hubiese terminado, sino por las consecuencias económicas del aislamiento después de varios meses en los que se disminuyó el consumo de algunos bienes y servicios.

En Guerrero se había transitado a un cambio, pero se retrocedió por el incremento de contagios.

En el trance hay quienes se han comportado con una total irresponsabilidad y seguramente en ese pecado llevarán la penitencia, cuya consecuencia podría ser hasta la muerte.

El problema de la pandemia de la COVID-19 es que se agregó otro fenómeno que no se había dado con anterioridad, la llamada infodemia: la desinformación que se compartió profusamente a través de las redes sociales a pesar de los intentos de control.

El encierro es desesperante para muchos que han guardado celosamente la recomendación de quedarse en casa y pertenecen a los grupos vulnerables por edad o padecimiento; algunos no se han cuidado y se han negado a seguir las recomendaciones, incluso han presumido de ello en las redes sociales en una franca ostentación de ignorancia y necedad.

Los números de contagios y decesos no han bajado, se han incrementado, pero no solo se trata de un problema de salud, sino también económico, porque la cantidad de personas que no pueden obtener ingresos también es altísima.

La salida del confinamiento es por esas personas que no tienen ingresos asegurados, lo cual quiere decir que es necesario salir pero tomando las medidas necesarias para evitar el contagio y la propagación de la enfermedad.

Esto no ha terminado y tampoco se avizora una salida pronta, porque la vacuna no es una garantía que la gente acepte tan fácil, pero lo que sí es necesario reconocer es que protegerse es necesario, crean o no en la existencia de la enfermedad, porque, al final de cuentas, la incredulidad se terminará en el momento en el que al escéptico lo tengan intubado en algún hospital o en su casa, gastando todo el dinero que tienen y que no tienen para tratar de rescatarlo de las garras de la muerte. Y entones sí, creerán en la COVID-19.

 

 

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