“Decíamos ayer…” hablando del campo

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INICIO CON ESTOS TÉRMINOS, EN MEMORIA DE MI EGREGIO MAESTRO DE LITERATURA, MANUEL LINARES ALARCÓN, cuando al iniciar su cátedra en la Preparatoria de Acapulco (antes dependiente del Colegio del Estado y luego de la Universidad Autónoma de Guerrero), pronunciaba su clásica frase: “Decíamos ayer…”, para concatenar la clase pasada con la nueva. En lo que ahora llamarían retroalimentación.

DECÍAMOS AYER QUE SON MUCHOS AÑOS DE CONFLICTOS AGRARIOS EN EL ESTADO, Y MUCHAS LAS AUTORIDADES Y LEYES QUE NO HAN resuelto absolutamente nada. Que se concretan no solamente a hacer recuentos de zonas y sitios problemáticos, sino a lanzar hasta pronósticos catastróficos, como resultante de los altos riesgos demasiado manifiestos.

FÍJESE USTED. UN POLÍTICO DE ALTOS VUELOS DICE QUE, CON LA REFORMA DE 1992, DEL (AL) ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL, NO SOLO SE HAN IDO superando (¿?)* sino que se ha garantizado la seguridad de la tenencia de la tierra (¿?)*. Y se estimula a los sujetos agrarios para que se integren en unidades productivas (¿?)*. (*Tradúzcanse mis interrogaciones como ¡Sí Chucha!).

EL MISMO FUNCIONARIO SE ENCARGÓ DE CONFESAR ¡LEO ESTO! DE QUE “ANTE LAS LAGUNAS Y VACÍOS DE (EN) LA LEY AGRARIA VIGENTE para dar cauce a los juicios agrarios derivados de la falta de seguridad jurídica, que se han tenido que subsanar a través de la consulta a otras leyes e interpretación de los tribunales agrarios: (¿?) Ha sido necesario revisar el marco jurídico secundario en materia agraria aprobado por la Cámara de Diputados que dará mucha mayor claridad en los alcances de derechos y obligaciones de los sujetos agrarios, de los ejidos y comunidades” (¿?). En conclusión: ¡No se podrá resolver nada de nada! Seguirá el guiri, guiri y el bla, bla, bla.

ADEMÁS, HA HABIDO MUCHOS PROGRAMAS DE CERTIFICACIÓN DE DERECHOS EJIDALES Y TITULACIÓN DE SOLARES; PARA LA SOLUCIÓN a los conflictos agrarios del campo (¿y de la ciudad?). Subrayo la estulticia de la declaración del “encumbrado señor”: cuando dice “que ha habido voluntad política para establecer soluciones definitivas, porque antes eran solo soluciones temporales o paliativos y en consecuencia se postergaban las soluciones por un tiempo y luego volvían a resurgir” (¿?). Habría que preguntarles a los campesinos si lo creen. Porque ha habido muchos “Acuerdos Nacionales (¿No se sabe de quién contra quién?) para el Campo en el que se establece el compromiso del gobierno para revisar el marco jurídico secundario en materia agraria”. ¡Todo con calma señores! ¡Tómense su tiempo! El campo de todas maneras se puede esperar a que surja la próxima revolución. ¡Sigan con sus “reformas”, sigan con sus leyes, y, sobre todo sigan con sus discursos!

Y CON MUY BUENA MEMORIA EL “FUNCIONARIO AGRARIO” NOS INSISTE: “RECORDEMOS QUE NACIÓ EN 1992 esa legislación y a 20 años (¡qué eficiencia parlamentaria!) de su expedición y aplicación se hace evidente la necesidad de introducir reformas. (Otra más. ¡Vaya hombre, por fin!). Fue una propuesta de instrumento legal bajo un consenso político, cosa prácticamente no vista en nuestra experiencia política”. (¡Y eso que el señor manifiesta mucha experiencia!).

YO CREO QUE HASTA POR SALUD MENTAL Y PORQUE YA SE ME TERMINÓ EL ESPACIO, DEBO FINALIZAR MI COMENTARIO CON LA reflexión siguiente: Tantas leyes, tantas reformas a esas mismas leyes; tantas autoridades con injerencias hacia el campo y, sobre todo, tantos discursos en cada sexenio y, el problema del campo sigue peor. Esa es una de las razones de la huida de los campesinos tanto hacia las ciudades como al extranjero. ¿Hasta cuándo? FIN.

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