Desastres naturales o sociales

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Los estragos causados por la tormenta tropical Narda en estos días, reflejó un gran problema que se creía superado desde hace tiempo, pero por lo visto se tiene que trabajar cada año. Apenas se trató de una tormenta tropical pero los daños que causó nos pudieran remitir al tamaño de lo que pudiera hacer un huracán, crecida de ríos, daños en vados y puentes, inundaciones. En fin, varias cosas que ameritaron que se declare una emergencia.

Los desastres que ocurren por motivo de fenómenos naturales, en muchas ocasiones son desgracias por causas sociales. Ya sea por el descuido de la sociedad o por la corrupción gubernamental, o por la conjunción de ambas. Porque fenómenos naturales ha habido desde tiempos inmemoriales, y por cierto de una explicación de estas siempre se ha buscado en torno a las religiones, o por castigo divino.

Culpar, como a veces se hace a Dios por los daños que causan los fenómenos naturales es evadir la responsabilidad humana y en la que curiosamente unos salen perjudicados, con la pérdida de su vida o de sus propiedades; y en la que otros salen beneficiados por la ayuda que pocas veces llega a los damnificados.

Lo único que se pondera a cada paso de un fenómeno natural que causa desgracias, es la solidaridad que se despierta pero que viene aparejada con los actos de egoísmo y de rapiña. Es una relación nociva entre lo virtuoso y lo vicioso.

En este proceso se combina la necesidad y la necedad. La gente tiene necesidad de vivienda, pero construirla en la ladera de una barranca es una necedad que le costará la vivienda y probablemente la vida. Y así se van construyendo las desgracias desde la sociedad, al paso de los fenómenos naturales.

A la largo de los últimos 30 años, cuando ocurrió el temblor de 1985 los fenómenos naturales, como temblores o huracanes, han sido más dañinos no sólo por la fuerza con la que ocurren, sino también por el crecimiento poblacional y también por los descuidos sociales.

Pero a la sociedad no se le puede castiga tan fácilmente, esa recibe las consecuencias de sus errores; pero esta cadena de causas estaría incompleta sin mencionar la corrupción gubernamental. Pero la corrupción y la ineficiencia en utampoco reciben sanciones, pero si muchos beneficios, y que son proporcionales a las desgracias que ocurren, que entre mayor sea es más la solidaridad y apoyo que se envía y por supuesto que se esconde para ser repartido en la próxima elección.

En una sociedad clientelar como la que se tiene, lo que se recibe es más importante que el origen. En lugar de cuestionar el origen de los recursos se recibe como si se tratara de una buena obra del que da, aunque no sea así.

Así pues, hay una construcción de las desgracias en la que los que sobreviven podrán disfrutar de lo que otra gente da, pero que los intermediarios, que son las autoridades de los diferentes niveles de gobierno, resultan mejor retribuidos que los damnificados.

Esa es la triste relación que se ha establecido en los últimos años con los daños que causan los fenómenos naturales.

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