Desastres naturales

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Todavía no alcanzamos a reponernos del tremendo susto y de la devastación del suelo guerrerense por las torrenciales lluvias tras el paso de “Ingrid” y “Manuel” y cada que comienzan las lluvias, tomamos las debidas precauciones y sobre todo, estamos alertas a los llamados de Protección Civil. Lo de “Paulina” nos ha servido también.

Las afectaciones por los movimientos telúricos que acompañan a ésta época de lluvias también nos permite ser previsores, saber qué hacer en el momento y posterior al fenómeno, no sólo para conocer el sitio de refugio temporal más cercano, sino para tomar las medidas adecuadas y estar preparados.

La ola de calor que todavía se vive en algunos lugares es otro fenómeno al que no podemos hacer menos. Nos sabemos vulnerables y en permanente riesgo, porque la salud es muy importante.

Y si a eso agregamos las enfermedades gastrointestinales por la descomposición de los alimentos debido a la temporada de calor, entonces las cosas se complican para quienes son de escasos recursos económicos o viven en la periferia de la ciudad y tienen que hacer uso del servicio público de salud que no siempre es el más eficiente.

En ese escenario, hemos aprendido a sobrevivir, sobre todo ante la devastación que dejan a su paso los fenómenos naturales como lluvia severa, vientos fuertes o temblores. Y en otros lugares, caída de granizo.

Y al estar en permanente riesgo nos sentimos cada vez más vulnerables, por eso la importancia de tomar las debidas precauciones para mitigar el riesgo conociendo el Atlas y estar alertas ante el llamado de las instituciones o de la autoridad y ser solidarios con los demás.

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