Desprotección civil

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Los efectos nocivos de los fenómenos naturales tienen más que ver con la construcción social de la desgracia, que la intensidad de los huracanes y los sismos. La actitud de la gente frente a los simulacros ha sido de manera reciente más de burla y risas, que de participación.

Hace varios años, a principios de los 90, como reportero fui a dar accidentalmente a las entonces oficinas de Protección Civil, o algo que la hacía de eso, era apenas un cuarto con muebles desvencijados que se encontraba en el inmueble de Secretaría de Seguridad Pública de Acapulco, era una oficina que no tenía la menor importancia. Eso cambió a luego de los efectos del huracán Paulina, y que un alcalde pidió licencia; los tiempos cambiaron, a la oficina de Protección Civil se le dotó de tecnología y cuadros profesionales, lo único que no cambió fue la actitud de la gente ante los fenómenos.

En esas andanzas reporteriles recuerdo cuando, a la temporada de lluvias siguiente del Paulina, nos enviaron con un grupo de policías, éramos varios reporteros, radio, televisión y prensa, recorrimos el río El Camarón, hasta la parte de arriba por la colonia Palma Sola, donde una familia se negaba a ir a un refugio temporal. La idea de llevarnos a los reporteros era precisamente para dar testimonio de desalojar su vivienda ubicada en una zona de altísimo riesgo, estaba a la orilla, llegamos todos llenos de lodo por lo difícil del camino.

El padre de familia nos corrió con el argumento de que no dejaría sus cosas a merced de los rateros, y que no pasaría nada porque no pasó nada durante el huracán Paulina. No permitió entrevista, pero quedó claro que no desalojaría el lugar.

El Paulina cambió la perspectiva de muchos acapulqueños en su creencia de que como era una bahía los huracanes o la lluvia no hacía nada en Acapulco. Luego del 9 de octubre de 1997, muchos cambiaron en su actitud, los simulacros de evacuación y el traslado a los albergues se hacía con una amplia participación ciudadana. Eran muy pocos quienes se reían de eso. Había policías, brigadistas de una floreciente oficina de Protección Civil.

Melquiades Olmedo Montes, el abogado, se especializaba en el área y en el manejo de una información que utilizaba tecnología de punta, se trató del primer director de la muy nueva y moderna oficina de Protección Civil. Posteriormente, otro cuadro profesionalizado ganó terreno, Sabás Arturo de la Rosa Camacho. Sin duda alguna de los cuadros mejor preparados en el área.

¿Qué ha ocurrido entonces si hay cuadros preparados y mejor tecnología que la que se contaba en 1997? La actitud de la gente. Los intentos de simulacro a los que están obligados los gobiernos a realizar fueron disminuyendo en su participación ciudadana. En los restaurantes, tiendas, escuelas, colonias y barrios eran más motivo de molestia o de risas, que de intervención de la gente.

El 19 de septiembre que se impulsó la realización de simulacros a nivel nacional en recuerdo del terremoto de 1985, a duras penas fue participativo. No bastaron los fenómenos naturales recientes por ejemplo Manuel e Ingrid, y es precisamente cuando comienza la construcción social de la desgracia.

En estos días he escuchado a dos acapulqueños hablar de sus experiencias en dos países con los fenómenos naturales, uno en Chile con los sismos, y otro en Cuba con los huracanes. El primero refería a la disciplina para atender a la alerta sísmica y evacuar, con calma y orden. El segundo a las evacuaciones que hace el Ejército y aplica la fuerza de ser necesario.

Aquí en México y en Guerrero a pesar de los cambios y la revolución tecnológica, lo que ha hecho falta es cambiarle el chip a la gente. Porque de nada valdrán los recursos tecnológicos que se inviertan para la Protección Civil si la gente continuará prefiriendo la Desprotección Civil, porque les resulta más divertido reírse de los esfuerzos ajenos que participar en los simulacros.

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