Don terquitas de Palacio

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Todos los sabios en economía y ciencia política le dicen al presidente que no se puede apoderar de las reservas del Banco de México porque la Constitución se lo impide, pero don terquitas de Palacio dice que sí, y requete sí se puede y que los que no estén de acuerdo, pues simplemente son unos neoliberales y háganle como quieran.

En el fondo de este asunto está la predilección por lo extralegal o inconstitucional del presidente y su defecto del orgullo que aderezado con el poder se ha convertido en la ley de Herodes…

La terquedad de AMLO no tiene límites y bueno sería recordarle el significado de ese término de acuerdo con el “tumbaburros” de la Real Academia Española: Terco es la persona que se mantiene firme e inamovible en su actitud, aunque se le den razones en contra o se le intente convencer para hacer otra cosa.

Mi muy querido maestro Carlos Marín en Milenio escribió el pasado miércoles una muy respetada columna en la que deja muy claro por qué AMLO no puede disponer de los dineros del Banco de México. Por su importancia la reproduzco tal cual.

“Por más atractivo que parezca, utilizar las reservas internacionales para pagar deuda es ilusorio: la Constitución mandata que “ninguna autoridad podrá ordenar” al Banco de México “conceder financiamiento” (Artículo 28). El recordatorio procede ante la confusión persistente y la insistencia presidencial de ayer: “Se está haciendo una gestión, un trámite con las autoridades del Banco de México para que esos fondos se utilicen para pagar deuda; que todos los fondos se utilicen con esos propósitos…”, dijo refiriéndose al equivalente a 12 mil millones de dólares por derechos especiales de giro que asignó a nuestro país el Fondo Monetario Internacional.

Aunque le provocó una injusta descalificación, el subgobernador del banco, Gerardo Esquivel, tuvo razón al tuitear el 11 de agosto: “Los derechos especiales de giro no son una moneda, son un activo de reserva internacional. En México, por mandato de ley, los activos de reserva internacional no se pueden usar para pagar deuda”. Esa mañana el presidente López Obrador había dicho: “Podríamos utilizar esos recursos para pagar deuda por anticipado…”. Dos días después del sainete, el gobernador del Banxico, Alejandro Díaz de León, declaró lo que en medios se interpretó como la factibilidad de la pretensión de AMLO, pero no son un activo que se contabiliza como reserva internacional.

Toda moneda extranjera que el Gobierno federal puede obtener del banco central se compra. Sin embargo, López Obrador volvió al tema el 18 de agosto: “Nos ahorramos intereses. Estaba viendo a Gerardo Esquivel, que ya se volvió ultratecnócrata, diciendo ‘no se puede lo que plantea el presidente’. No se puede porque no se quiere, porque, con todo respeto, son muy cuadrados. Que se utilice ese dinero para pagar deuda. Se va a hacer el planteamiento formal al Banxico para que se beneficie la hacienda pública, al pueblo…”.

Lejos de engancharse con quien por muchos años ha simpatizado, el aludido tuiteó: En democracia, el disenso no siempre es confrontación. La deliberación pública siempre será bienvenida. Ante la confusión y mi ignorancia recurrí a mi compañero de páginas Jesús Rangel, cuyo conocimiento de los asuntos económicos y financieros me apantalla. Está claro que las reservas no pueden utilizarse para fines distintos a los encomendados al Banxico, institución autónoma del Estado e independiente del gobierno, cuya misión constitucional es “procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional”.

Las reservas no pueden gastarse como el gobierno quiera. En todo caso la Secretaría de Hacienda, a través de la Tesorería de la Federación, puede comprar con pesos el monto que quiera, pero ateniéndose a los precios del mercado. La deuda persistiría y el gobierno tendría que emitir bonos de largo plazo para capotearla, pero ya no en dólares (euros o la divisa que fuera), sino en pesos mexicanos. Como sea, la operación no parece muy, muy provechosa que digamos”.

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