Dos años después…

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La algarabía de la esperanza pronto se desplomó. La desilusión llegó una vez que lo prometido no llegó. Cuando lo único que se nos han ofrecido es una narrativa construida con otros datos y más discursos evadiendo la realidad, dando la vuelta a problemas apremiantes y demandas sentidas de la población. Temas como el de seguridad o economía han quedado relegados.

 

Al grado tal de llegar a desmoronarse la figura de gobernante impoluto, porque las evidencias videograbadas, y los contratos sin licitación y las constantes renuncias en el primer círculo de poder así lo dejan ver; las guerras internas por un proyecto de nación que no existe da hincapié a pensar que el movimiento de regeneración fue otra forma más de arribar al poder, pero nada más.

 

Se ha mencionado que el poder emana del pueblo y que representa al pueblo, pero cuando se han hecho encuestas de aprobación de la gestión gubernamental y no le son favorables, simplemente ataca a sus adversarios. Dando a entender explícitamente que los que no piensan como él, son conservadores.

 

Una guerra fratricida que nadie entiende ni comprende, porque es innecesaria. Y porque a quien debió haber confrontado de forma directa y de frente y con toda la fuerza del Estado le ofrece abrazos y no balazos.

 

Dos años bastaron para percatarnos que las voces que le impedían su arribo al poder tenían razón, no solo no ha habido crecimiento económico, sino que lo que se tiene es un estancamiento en la economía nacional, la inflación amenaza y los precios de la canasta básica se han disparado.

 

Dos años de aprendizaje se han cumplido, pero ante la negativa a dar resultados y solo excusas culpando al pasado y a las administraciones anteriores, solo nos ha llevado a un callejón sin salida.

 

Por donde se le busque a la administración pública no se le nota cuál es la transformación del país a no ser que se trate de debilitar las instituciones, en otro tiempo autónomas y hoy cooptadas por el Estado a capricho de quien dirige los destinos de la nación.

 

El sueño de pasar a la historia como estadista se ha derrumbado, los anales registrarán este periodo gubernamental como el del caos y la ambición desmedida de una pandilla que llegó para saquear las arcas de la nación pero, con un discurso de cero corrupción, pero que en la práctica hicieron todo lo contrario.

 

Hemos cumplido dos años de la alternancia en el poder. Dos años de la esperanza fallida. Dos años de no ver resultados de ningún tipo y por ningún lado. Pareciera que el jefe de la nación continúa en campaña, misma a la que quedó acostumbrado durante más de dos lustros.

 

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