El 8 y el 9M, el mensaje

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Estos dos últimos días de marzo, el 8 y el 9, enviaron un fuerte mensaje a un gobierno de izquierda que pretendió minimizar una lucha legítima y muy necesaria; sin embargo, mensaje y mensajero fueron desacreditados por un movimiento que se hizo legitimador de cualquier movilización social que encabezó pero ahora, como gobierno, las deslegitima y las descalifica.

El gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, junto con otros ejecutivos, como es el caso de la alcaldesa de Acapulco, Adela Román Ocampo, continúa en el mismo afán de descalificar al mensajero al señalar que el movimiento del 9M es encabezado por la ultraderecha.

La intensa movilización del 8 de marzo celebrada en México refleja el hartazgo, la indignación, la terrible situación por la que están pasando las mujeres, el llamado a no salir, no consumir, no trabajar el 9 de marzo, el cual ha sido descalificado por el presidente, quien ha asegurado que la derecha y los neoliberales están detrás. No es solo una descalificación al mensaje que están enviando las organizaciones feministas, sino también a los propios mensajeros y, en ese sentido, se observan los últimos acontecimientos en las conferencias matutinas de López Obrador.

En esas conferencias de prensa, dos casos mostraron ampliamente la característica de la posición del Gobierno federal. En los casos, dos presuntos periodistas manifestaron, uno, que se investigara a quienes convocan o apoyan el paro del 9M, entre ellos, periodistas y activistas por parte del gobierno, en un intento de desacreditarlos; en otro, una periodista del Grupo Imagen se quejó ante el presidente de que otro presunto reportero manifestó en una entrevista que le deseó que la balacearan. López Obrador, en lugar de condenar el hecho, pidió que se reconciliaran.

Durante dos décadas, Andrés Manuel López Obrador encabezó una movilización social, política y electoral que incluyó muchos de los repertorios de acciones, la toma de los pozos petroleros, marchas, bloqueos de calles y avenidas. Todo eso fue recurrente hasta que llegó al poder; ya en él están descalificando todas las movilizaciones y protestas porque simplemente ya no las encabezan. Por el contrario, ven en ellas toda una conjura.

Las razones de la movilización de las mujeres el 8 y el llamado a no moverse el 9 son completamente legítimas y necesarios. En ese sentido, hasta los hombres deberían estar agradecidos por una movilización que, de una u otra manera, puede beneficiarlos, la apoyen o no, porque, al final de cuentas, se trata de una movilización y protesta por algo y para todos los hombres y mujeres, es por la seguridad y contra la impunidad.

La violencia que campea en el país, alimentada por la impunidad, no es reciente ni originada por este gobierno, pero este tampoco ha sido capaz de resolverla. Le guste o no al Movimiento Regeneración Nacional y al gobierno de López Obrador, fue esta indignación la que lo llevó al poder. Si no reconocen que han sido incapaces de resolver esta situación y además están asumiendo una actitud indolente e insensible ante una situación que amerita la conjugación de esfuerzos para atenderla, si el mensaje no le gusta al gobierno y pretende descalificar a los mensajeros, deberían reconsiderar su actitud.

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