El arte como provocación

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El escándalo suscitado en torno a la exposición pictórica “Emiliano. Zapata después de Zapata” que se exhibe en el museo de Bellas Artes y especialmente el cuadro que muestra al héroe revolucionario desnudo, usando zapatillas, un sombrero de charro rosa, montado en un caballo, provocó un enfrentamiento entre agrupaciones de campesinos y activistas de la comunidad LGBTTTI, entre quienes se oponen y los que están en contra de la muestra de pinturas de Fabián Cháirez.

La pintura de Zapata, contra la que se manifestaron tanto su familia como agrupaciones campesinas y de la cual han demando su retiro, es defendida activistas lésbico gay y más, como una forma de libertad de expresión y artística. Pero sobre todo refieren al Museo de Bellas Artes que mantiene como una institución oficial que promueve la irreverencia contra uno de los héroes patrios, uno de los más varoniles.

Las agrupaciones que apoyan la exposición reclaman su derecho a la libertad de expresión y tachan de intolerancia a quienes se manifiestan en contra. Los primeros consideran que las expresiones artísticas gozan de un amplio margen de protección en el marco de derecho a la cultura, del derecho a realizar manifestaciones artísticas.

En 1987 en el mismo museo, también se hizo una exhibición pictórica que movilizó a la sociedad. Dos imágenes causaron el furor público, una de la virgen de Guadalupe con el rostro de Marilyn Monroe con un pecho descubierto; la otra fue el cuadro de la Última cena, en la que el rostro de Cristo fue cambiado por el de Pedro Infante.

A pesar de que en la entrada del museo colocaron el anuncio preventivo: “Si le molesta la manipulación de las imágenes en sentido crítico, no entre”, la difusión de la exposición a través de una nota en el periódico Excelsior, movió a revistas sensacionalistas y amarillistas a cubrir la exposición y publicarla con encabezados como “Ofensa a la bandera y a la Guadalupana”, “¡Sacrilegio! La virgen con la cara de Marilyn Monroe y Cristo con la de Pedro Infante”. El autor de los cuadros era Rolando de la Rosa.

En febrero de 1988 comenzaron las protestas de Provida y grupos religiosos en contra de la exposición, al igual que ahora hubo quienes apoyaron el montaje artístico, pero a diferencia es que en aquel entonces no se dieron enfrentamientos entre los opositores y los simpatizantes a la muestra.

Sin embargo, no deja de ser curioso como es que muestras artísticas pueden ser muestras de debate público en el que por lo general estas no pasan de ser admiradas, disfrutadas y debatidas por un grupo muy pequeño de personas. Pero estas dos muestras son debatidas por la provocación que hacen en el imaginario colectivo, y por ese gesto de provocación sobresalen en la opinión pública, no por el valor estético que puedan tener.

Sería prudente preguntar que a 30 años de la primera exposición que aquí se cita, sí alguien tiene noticias del pintor Rolando de la Rosa y si sus obras pictóricas son bien cotizadas. Al igual que la obra que ahora se discute sobre su pertinencia, o solamente se trata de obras que provocan furor y su efímero éxito se refiere precisamente a eso a la reacción negativa que encuentra en el momento de exhibición, pero terminando esto se apagaron junto con el debate.

Por lo general toda obra de arte es polémica por su propia naturaleza, porque rompe moldes contemporáneos, ya sea pintura, literatura, escultura, por lo general lucha contra la censura y la intolerancia; pero con el tiempo son socialmente aceptadas e incluso valoradas después del rechazo social del que pudieran ser objeto, pero no todos tienen acceso a ellas.

En estos casos, tal parece que el éxito se mide por el momento coyuntural, pero que artísticamente tienen vida por el tiempo en que se exhibe y se debate, pero poco después esa provocación es olvidada, con muchas otras cosas más. Y entonces viene el olvido.

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