El bautizo de México-Tenochtitlan

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La conquista de México-Tenochtitlan tuvo dos ejes fundamentales: La espada por delante y la cruz por atrás, esto es el madrazo y la sobadita. Eso decíamos en nuestra anterior entrega, pero lo cierto es que hace 500 años una gigantesca alianza de unos 700 o cuando mucho 900 espanófilos y miles de tlaxcaltecas y de otros pueblos sojuzgados por el imperio azteca destruirían la Gran Tenochtitlan o lo que es lo mismo al poderoso imperio mexica. Del asunto de la fe que nos impusieron los españoles le hablaré en capítulo aparte.

Veintiún meses antes, el 8 de noviembre de 1519, había ocurrido el encuentro de Hernán Cortés y Moctecuhzoma Xocoyotzin, el orgulloso tlatoani que murió lapidado por su pueblo el 29 de junio de 1520 después de haber claudicado ante los invasores a los que consideraba dioses, no obstante que su primo Cuitláhuac le decía recio y quedito que no eran deidades, sino unos soldados en busca de oro, plata, mujeres y de conquista de estas tierras.

Sería precisamente Cuitláhuac, el décimo y penúltimo emperador azteca, quien sustituyó al miedoso Moctezuma II por solo ocho meses, a razón de que sería abatido por los cañones de los españoles y de la mortal peste que nos trajeron: La viruela. A Cuitláhuac correspondería la epopeya de haber derrotado a los espanófilos en lo que se conoce como la Noche Triste en la que Hernán Cortés lloró su derrota y la pérdida de muchos de sus soldados del primer círculo. Después de ese episodio, Cortés se rearmaría con los tlaxcaltecas para el embate final. Entraría al quite Cuauhtémoc, célebre onceavo y último emperador azteca, a quien los españoles le quemaron los pies para que revelara en qué lugar de la Gran Tenochtitlan se encontraba oculto el llamado “tesoro de Moctezuma”, del que nadie, absolutamente nadie da razón.

A la caída de la Gran Tenochtitlan, Cuauhtémoc, el señor de Tacuba y otros importantes miembros del imperio azteca serían llevados rumbo a Guatemala para ser embarcados a España. No faltan historiadores que dan cuenta de que en la imponente selva maya, Hernán Cortés y sus huestes se perdieron y se perdió la versión de que Cuauhtémoc pensaba escapar para retomar el poder en la Gran Tenochtitlan. Ordenaría el barbado conquistador que le dieran muerte. Se desconoce dónde quedaron sus restos, aunque la antropóloga Eulalia Guzmán jura y perjura haberlos localizado en Ixcateopan, Guerrero, lo cual no ha sido comprobado.

Cuauhtémoc no pudo contener la furia de los invasores, entre ellos más de 100 mil tlaxcaltecas y el 13 de agosto de 1521, la Gran Tenochtitlan cayó envuelta en llamas y con aproximadamente 800 mil muertos víctimas de la viruela.

Los españoles habían contemplado aquel imponente imperio, construido en medio de un gran lago y que en náhuatl quiere decir “El ombligo de la Luna”, pues se llama Mexitlitico, pero los brutos españoles no podían pronunciarlo pues le llamaban México, pero del bautizo de México o de la República llamada Estados Unidos Mexicanos, no serían los españoles sino un gringo llamado William Sheller, pero hasta 1824.

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