El camino hacia el poder

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La movilización callejera es una estrategia de poder que le funcionó a las organizaciones sociales para pugnar por beneficios para sus agremiados, por lo regular campesinos y todo aquel que no estaba sindicalizado.

En aquellos años, propios de la apertura democrática, la invasión de terrenos era otra forma de aglutinar militantes que a la vez eran electores potenciales.

Desde hace medio siglo, el partido hegemónico en el poder organizó a los trabajadores en sindicatos y lo que en el sol azteca en los noventa fueron tribus, en el tricolor eran sectores. De esa forma se repartían el poder, dependiendo del número de agremiados era a lo que aspiraban los líderes sindicales. Así fue como llegaron al poder diputados locales, federales, senadores y hasta gobernadores.

En 1988 las cosas se complicaron, porque un grupo al interior del tricolor se inconformó, porque las prácticas por usos y costumbres no favorecían al hijo del General Lázaro Cárdenas. De esa inconformidad nació el sol azteca. Se habló de fraude electoral, y la movilización callejera fue la opción que tomaron quienes aspiraban al poder para ganar legitimidad.

Entre más personas salían a la calle, mayores beneficios eran lo que lograban los líderes. En cuanto a cargos de representación popular se refería. Así fue como la disidencia magisterial pudo arribar al poder, y muchas organizaciones de transportistas democráticos.

Hoy las cosas no han cambiado mucho. En esos ejercicios por democratizar la selección de candidatos lo mismo se utiliza la tómbola que la encuesta de cuyos resultados la mayoría de los aspirantes dudan.

En la guerra electoral no solo salen a la luz las formas y prácticas que no cambian. Lo ideal es que para seleccionar candidatos los partidos políticos encuesten solo a sus militantes, a sus bases o agremiados, porque si lo hacen aleatoriamente, mediante llamadas telefónicas, puede haber sesgo y la selección de candidatos puede ser inducida por los grupos opositores con tal de hacerlos perder.

Caso concreto, cuando se encuesta a los ciudadanos la intención de voto favorece a determinado partido político, pero cuando colocan nombre del aspirante al cargo, entonces, las cosas cambian, lo que significa que no solo el partido es importante, también la selección de candidatos competitivos.

En democracia, las encuestas también son una opción porque la intención de voto es cambiante, por ello es que hay muchos sorprendidos, por los resultados electorales el día de la jornada electoral, ya no digamos del voto cruzado. Si no, al tiempo.

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