El capitalismo II

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Mencioné en colaboraciones anteriores que el sistema capitalista, en lo general, es un orden social que organiza y gasta todas sus fuerzas a favor del capital; hasta los mismos Estados de las diversas naciones así lo han hecho; además, es un sistema en donde la producción está encaminada, principalmente, a la obtención de ganancias, su incentivo es el interés privado, el lucro o la acumulación de riquezas, el nivel de esta mide el éxito.

Hice ver que el sistema capitalista es un sistema anárquico, que produce sin un plan determinado, y por lo mismo, que no es estable sino cíclico, que se presentan depresiones, recesiones, crisis y auges; y que esto nada ni nadie lo puede evitar; también señalé que el dinamismo o crecimiento económico de un sistema capitalista depende del nivel del ahorro que se invierte, el cual no es más que el excedente que resta una vez que las empresas deducen todos sus gastos, así como de sus propietarios, o de los capitalistas y empresarios.

Además, hice notar que en los países desarrollados la tasa de ahorro invertido es alto, y que en los países subdesarrollados o en desarrollo, como lo es México, el ahorro que se invierte es bajo, no porque este sea pequeño, al contrario, es de buen nivel, pero no va a las actividades productivas, a la compra de nuevos equipos, y a la investigación para el desarrollo tecnológico; que lo anterior se debe a que el ahorro se concentra en manos de los más acaudalados de este país y, que por lo mismo, estos no están presionados para invertirlos en la búsqueda de más riquezas, y, resulta que lo destinan a lo siguiente: 1.- Lo han transformado en un alto nivel de consumo, incluido el suntuario, conspicuo, aun de lujo absoluto, por lo que el ahorro no queda disponible directamente para destinarlo al financiamiento de inversión nueva (para el desarrollo), se da el derroche; 2.- Es más, se traduce en importaciones prescindibles y aún en actividades ilícitas; 3.- Por añadidura, una parte de dicho ahorro interno, ha tendido históricamente y sigue tendiendo en la actualidad, por razones de “seguridad”, a ser exportado al exterior para su depósito en cuentas bancarias en el extranjero y en bolsas de valores consideradas más seguras (exportación y fuga de capitales). El economista a quien me referí en la colaboración anterior es Víctor L. Urquidi. Una de sus obras se titula “Otro Siglo Perdido”. CM Y FCE.

Continuará.

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