El circo y la barbarie

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El nauseabundo circo romano de la edad antigua tiene su origen en la Grecia Antigua, donde se conmemoraba el regreso de los guerreros con carreras de caballos y varias artes, en las que imperaba hasta la magia. Era una fiesta popular que se degeneró completamente al ser adoptada por los romanos y su decadente imperio. El pueblo romano, patricios y plebeyos, sentados en las graderías del circo sentían orgasmos colectivos al ver sangre y destrozos de hombres y animales en la arena hasta que el emperador agachaba el dedo como señal de darle muerte al rival y así terminar con la fiesta. ¿Ya adivinó usted en qué se parece el circo romano a la barbarie circense de AMLO? El antiguo circo romano no le llegaba ni a los talones al nauseabundo circo de Andrés Manuel López Obrador. Pero, hagamos un viaje al pasado para ejemplificar el paralelismo que hay entre la barbarie del circo romano y la barbarie política que impera en el régimen comunista de AMLO.

El más nauseabundo maquiavelismo político de AMLO lo vemos en el caso Lozoya, que el presidente de la República lo ha usado como un muy rentable asunto para tapar el desastre humano causado por el coronavirus que en pocos días contabilizará oficialmente 60 mil muertos, pero que de acuerdo con datos del Registro Nacional de Población y del Registro Civil, podría ser de más de 120 mil muertos y claro está, para allegarle votos a su partido Morena con el fin de perpetuarlo en el poder en las próximas elecciones federales del 2021. El caso Lozoya tapa todo. Se convirtió en un poderoso distractor circense en el que el “pueblo bueno y sabio” quiere ver sangre y nauseabundas escenas como ocurría en el circo romano, hasta que el señor emperador AMLO levante el dedo flamígero y purificador para decir “ya basta de barbarie política”.

El impúdico video que muestra a dos panistas recibiendo fajas y más fajas de billetes, se dice que por un total de más de dos millones de pesos para ser repartidos entre algunos legisladores panistas (con que poco se conforman), para que apoyaran la Reforma Energética promovida por Enrique Peña Nieto, vino a cimbrar al PAN y la clase política y a escandalizar al “pueblo bueno y sabio” que está feliz con el nauseabundo circo de AMLO, en lugar de que éste, esté dedicado a resolver la catástrofe económica, de salud pública o de la barbarie que dejan a su paso las incontenibles mafias criminales que hacen de las suyas a sabiendas de que en el régimen amlista hay “abrazos y no balazos”.

En el caso Lozoya, el presidente ha suplantado olímpicamente y sin ningún pudor ni decencia a la Fiscalía General de la República, a cuyo fiscal Gertz Manero le pide o le ordena desde las marraneras, quiero decir mañaneras, para que dé a conocer todo lo que Lozoya ha declarado, lo cual quiere decir que le está dando órdenes para delinquir y violar la ley, pero sobre todo, el circo de AMLO nos muestra que impunemente le está dando en la madre a la Fiscalía que se supone era autónoma, pero ya vimos que es la misma gata, nomás que revolcada y siempre usada como vil instrumento de venganza del gobierno en turno contra sus enemigos políticos del pasado y el presente.

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