El conflicto poselectoral en Guerrero

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En Guerrero hay una tradición del conflicto poselectoral desde 1989, en cuanto nació el Partido de la Revolución Democrática como antecedente del partido Morena (fundado en el 2014). En aquellos días se comenzaron a reclamar los fraudes electorales, producto de la competitividad electoral, uno de esos actores fue Félix Salgado Macedonio en sus fallidos intentos por ser gobernador de la entidad, en 1993 y 1999, quien realizó plantones reclamando el triunfo. Ahora, cosa curiosa, es el candidato de la alianza PRI-PRD, Mario Moreno Arcos, quien se niega a reconocer los resultados electorales.

La postura de Moreno Arcos como candidato no deja de sorprender porque no es una práctica política habitual en el Partido Revolucionario Institucional desconocer los resultados que no les favorecen, eso es precisamente lo que lo había distinguido de sus adversarios políticos. Ahora, el candidato de la coalición PRI-PRD exige el recuento de los votos, no obstante, después de que se inició como consigna en la elección presidencial del 2006 con Andrés Manuel López Obrador.

El movimiento del conflicto poselectoral de esa contienda se extendió, y como resultado se legisló sobre el recuento de los votos que era la razón de la consigna, por lo tanto se señalaron los supuestos en ellos que se podrá realizar el recuento de los votos.

Entre estos que el porcentaje entre el ganador y el segundo lugar sea menor a un punto porcentual; que los resultados expresados en las actas no coincidan; que se detecten alteraciones evidentes en las actas; inexistencia de actas de escrutinio y cómputo en el expediente o inconsistencias evidentes en la misma, además de que el número de votos nulos sea mayor a la diferencia entre los candidatos primero y segundo, así como que todos los votos depositados hayan sido a favor de un mismo partido político.

Esas son las consideraciones para reclamar el recuento de los votos, sin embargo, es un procedimiento que pocas veces tiene una utilidad práctica. En un recuento salen nuevos votos a favor para ambos candidatos, de la misma forma que se eliminan para los dos. Las tendencias que se dan en los primeros cómputos se mantiene, no es que se recuenten los votos y aparezcan como por arte de magia nuevos votos y todos a favor del segundo lugar.

Cuando se lanzó la consigna del voto por voto, tenía como objetivo atrasar el resultado del proceso, porque no había una legislación al respecto. Pero además, el comportamiento del entonces candidato era semileal al sistema electoral y lo continúa siendo, pues solo acepta los resultados electorales en la medida de que lo benefician.

Mario Moreno Arcos está buscando en el recuento de los votos lo que no pudo lograr en los primeros cómputos. Pero no es ahí donde debe hacer su búsqueda, sino en la gestión de varios generales que supuestamente unieron sus fuerzas para vencer a la candidata de Morena, y que como resultado se conoció que no tenían la fuerza política ni la estructura electoral de la que presumían.

Al final de cuentas, todo parece indicar que se aglutinaron generales sin tropa a fortalecer la candidatura del postulado por el PRI-PRD, exalcaldes y exgobernadores, que no pudieron siquiera defender sus bastiones políticos. Los hombres fuertes de Guerrero se mostraron menguados en su poder.

Es esta parte de la política en la que no se puede meter el candidato del PRI-PRD, por respeto a quienes lo apoyaron, pero quienes lo hicieron con la aureola de fortaleza política en realidad no era tal.

Aunque el PRI haya aportado más votos a la candidatura en común, y el PRD no haya abonado muchos sufragios devela con suma claridad el número de canicas reales que cada general de ambos partidos tiene, y no son tantas como las hicieron vender.

Pero eso es parte de la realpolitik, ahora desconocer los resultados solo tiene un efecto mediático, pero no concreto. Lo que se ve es lo que hay.

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