“El estilo personal de gobernar”

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Este título fue de uno de sus trabajos donde detalló cómo era el gobierno de Luis Echeverría en 1970-76, autoritario, con ocurrencias y sin un plan económico de desarrollo. Hubo cambios para seguir igual. Creando una nueva clase política formada por los mismos que fracasaron en los sexenios anteriores.

Daniel Cosío Villegas. Nació un 23 de julio de 1898 y murió un 10 de marzo de 1976. El último de la generación de 1915, junto con José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Vicente Lombardo Toledano, el guerrerense Alberto Vázquez del Marcado, Teófilo Olea y Leyva, Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Manuel Gómez Morín y Jesús Moreno Baca. Son los que crearon el Estado mexicano. No hacen falta para la definición del régimen.

Gran escritor, historiador y economista. Fundador del Fondo de Cultura Económica, director de revistas de historia y economía, como presidente del Colegio de México e impulsor de los tomos de la Historia moderna de México, recibió el Premio Nacional de Letras en 1971.

En uno de sus célebres escritos nos dijo en 1947 un contenido que queda perfectamente para el día de hoy: “México viene padeciendo hace ya algunos años una crisis que se agrava día con día; pero como en los casos de enfermedad mortal en una familia, nadie habla del asunto, o lo hace con un optimismo trágicamente irreal. La crisis proviene de que las metas de la Revolución se han agotado, al grado de que el término mismo de revolución carece ya de sentido. Y, como de costumbre, todos los grupos políticos continúan obrando guiados por los fines más inmediatos, sin que a ninguno parezca importante el destino final del país…”.

“El único rayo de esperanza –bien pálido y distante, por cierto– es que de la propia Revolución salga una reafirmación de principios y una depuración de hombres. Quizá no valga la pena especular sobre milagros; pero al menos me gustaría ser bien entendido: reafirmar quiere decir afirmar de nuevo, y depurar, en este caso, querría decir usar sólo de los hombres puros o limpios. Si no se reafirman los principios, sino que simplemente se los escamotea; si no se depuran los hombres, sino que simplemente se les adorna con vestidos o títulos, entonces no habrá en México auto regeneración, y, en consecuencia, la regeneración vendrá de fuera y el país perdería mucho de su existencia nacional y a un plazo no muy largo”. (“La Crisis de México”, “Cuadernos Americanos”, XXXII, marzo-abril, 1947, pp. 29-51.)

Deberíamos revivir la obra de estos hombres para que no sigamos con los vacíos de ideas y filosofía que nos lleva a la deriva. Desde luego tenemos maestros en la actual realidad, pero están aplastados por al tsunami electoral que vivimos el año pasado y hasta atrocidades permitimos como el que un Congreso local apruebe que un gobernador electo amplíe su periodo por el que fue electo. Abriendo el camino de un estilo personal de gobernar que nos puede llevar a no tener nuestra base constitucional que se aprobó en 1917, a la reelección.

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