El malestar docente

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Para más de cinco mil trabajadores de la educación, su salario está en riesgo. Son maestros y administrativos que no han sido incorporados al Fone a pesar de las promesas desde 2013 de que así sería. A una cantidad similar, la Federación sí los reconoció durante el sexenio anterior, pero no a todos.

Son plazas otorgadas sin techo presupuestal una vez que se instituyó el examen de oposición, posterior a la efervescencia de compra y venta de plazas en el sexenio zeferinista, donde hubo unos 20 mil jubilados que heredaron o vendieron su plaza en 200 mil pesos y costaba 30 mil adscribirlas en zonas urbanas preferentes en contubernio SNTE-SEG.

Los maestros comenzaron a jubilarse porque se empezó a incorporar la tecnología de la información en las escuelas y posteriormente se reformó la Ley del ISSSTE. Tuvieron la oportunidad de jubilarse y se fueron vendiendo sus plazas al mejor postor.

En el cuatrienio posterior se instituyó el estímulo a la jubilación, es decir, la compra-venta de plazas ya no era entre particulares, sino que el Gobierno estatal destinaba una partida presupuestal para entregarle a cada maestro en edad de retirarse del servicio la cantidad de 100 mil pesos. El maestro se jubilaba y la SEG tenía plazas disponibles para entregar con techo presupuestal de la Federación a los egresados normalistas y a los que no estaban incorporados al Fone.

El Fone o techo presupuestal de la Federación son las plazas que esta envía año con año con base en la preinscripción de febrero; son de asignación automática a los egresados normalistas porque año con año había incremento de matrícula hasta que se estabilizó. La estadística demostró que ya no hubo crecimiento poblacional, es decir, ya no había incremento de alumnos, pero sí había nueve normales oficiales y el doble de particulares; entonces, como estrategia gubernamental estatal, se canceló el ingreso a algunas normales y a las particulares se les canceló el registro a mediados de los noventa.

La lucha en las calles obligó a la apertura de matrícula en algunas de ellas, las oficiales, y que a los egresados normalistas se les entregaran plazas, aunque ellos estaban conscientes que no tenían techo presupuestal porque eran negociaciones políticas a nivel local.

Los gobernantes en turno buscaron la manera de pagar esos salarios para completar el rubro de servicios profesionales tomado de su gasto corriente, el de operación y el de compensación, pero con las nuevas reglamentaciones fiscales, ahora se encuentran impedidos a tomar decisiones presupuestales a la ligera. Y otra vez, los maestros han salido a las calles a manifestar su malestar porque hay riesgo de que no les paguen a sus compañeros.

El problema se solucionaría con el reconocimiento de esas plazas al incorporarlas al Fone. Esas más de cinco mil plazas se recuperarían si se liberaran recursos del programa del estímulo a la jubilación porque es el mismo número de maestros que su plaza está en el Fone, la dejarían y, al jubilarse, les pagaría el ISSSTE como pensionados.

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