El nieto de la austeridad

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¡Nació el nieto de la austeridad! Sí, en un hospitalote de alta alcurnia para potentados y fufurufos en Houston, Texas. Nació el primer nieto fifí de Andrés Manuel López Obrador, quien recomienda hasta el cansancio nacer en México porque acá somos felices, felices, felices. No cabe duda que cae más rápido un hablador que un cojo. ¿Pero ya vio usted que hay niveles?

Sí, Salomón Andrés es el nombre del chilpayate con el cual López Obrador debía haber inaugurado en México el pomposo Insabi, en el que supuestamente los chairos de México no pagarían un solo centavo, pero que por ahora les cobran las perlas de la virgen y, además, está prohibido morirse en hospitales de primero, segundo y tercer nivel porque se corre el riesgo de que, si los deudos no pagan los días en que su paciente estuvo internado, no les entregan el cuerpo. ¡Qué poca manera de cobrársela a un ingenuo pueblo mexicano que llevó a López Obrador a la grande en las elecciones presidenciales del 2018! El Insabi, que vendría a sustituir al Seguro Popular, es sin lugar a dudas una de las acciones de gobierno de López Obrador más irresponsables y criminales porque juega con la salud y la vida de los mexicanos que menos tienen. ¿Qué le hubiera parecido al presidente que su nietecito de la austeridad naciera en un hospital sin medicamentos, sin equipo quirúrgico y con atención médica de mala muerte, como ocurre actualmente en los hospitales que atendían a derechohabientes del Seguro Popular? ¿Eso es austeridad republicana: pagar más de 100 mil pesos por un parto en Estados Unidos mientras miles de mexicanos se mueren en México por una infame política médica criminal de doble cara? No cabe duda que López Obrador creó una crisis de salud pública en México y corregirla será algo así como el huachicolazo del 2019.

Cualquier carretada de críticas ha recibido el Insabi y el nieto de la austeridad, pero la mayoría de los medios de comunicación le sacan al bulto, pues al criticar al presidente corren el riesgo de ser exhibidos como conservadores fifís que sabotean las acciones de gobierno del presidente de la República. Su estrategia es echarle la culpa a los demás para hacerse pasar como un hombre o gobernante impoluto o un mesías muy cercano a Jesucristo.

La cuestión es que en Houston nació el nieto de la austeridad republicana y eso no habla nada bien de López Obrador.

No está por demás decir que la insensible y ponzoñosa clase política mexicana ha convertido a los electores de México en potenciales pagadores de impuestos y en viles objetos de uso electoral. A eso nos han reducido a usted y a mí las lacras sociales llamadas partidos políticos. Estamos mal, muy mal.

Pero, fíjese usted, que viéndolo bien, los politicastros de México viven a costillas de los electores y con el patrocinio de ellos se dan todos los lujos y viven como reyes. Ellos no están mal, lo que está mal es el producto de esta patria mexicana, o sea, los ciudadanos, que los elegimos para que nos sirvieran y no para que ultrajaran nuestra dignidad desde el poder. ¿Se da usted cuenta que creamos cuervos para que nos saquen los ojos?… Pero no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre, reza el refrán.

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