El ridículo del avión

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Aquí, en Europa, se preguntan sorprendidos si es verdad o es una mofa la intención del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de vender el avión presidencial.

Con tantos temas por atender, algunos de enorme desafío y calado de impronta, como los medicamentos necesarios en los hospitales públicos para beneficio de los enfermos de cáncer y otros con padecimientos terminales, la prioridad en estos momentos, al menos para López Obrador, es qué hacer con el avión bautizado como José María Morelos y Pavón y anuncia su intención (no sabemos si es seria o socarrona) de vender seis millones de cachitos a 500 pesos cada uno para realizar una rifa.

No han dejado de circular memes y chascarrillos llenos de sorna sobre qué haría la persona “agraciada” cuyo boleto resultase premiado en esta singular pero sobre todo absurda tómbola.

No es el avión per se, es todo lo que revela que está aconteciendo en el gobierno de la Cuarta Transformación, incapaz de generar proyectos de inversión claros, de respetar los acuerdos previos — como el del aeropuerto— y mucho más proclive a sostener una serie de activos ociosos que, en lugar de dar un servicio, una utilidad o una ganancia, están generando precisamente todo lo contrario.

Por eso, la derecha siempre muestra tradicionalmente una mayor habilidad para generar negocio, ganancia, empresa, para facilitar el flujo de dinero y de inversiones, mientras que, para la izquierda populista, ese es precisamente su talón de Aquiles.

Se mantiene obsesionada por el efecto y por enganchar a las clases más desprotegidas con este tipo de acciones en las que el mandatario azteca se niega rotundamente a usar el avión presidencial vistiéndose de “pueblo” al viajar como máximo jefe de la nación azteca en aviones comerciales… no solo él, sino toda su comitiva, que no es poca.

Pero no lo hace más bueno ni más honrado no subirse al avión presidencial, lo hace un mal administrador, tiene un activo ocioso comprado precisamente para trasladar al presidente y a toda su comitiva, incluyendo en muchos casos hasta a la propia prensa.

Y se tiene, además, por razones de seguridad; una de las prioridades es cuidar la vida de quien ha sido elegido para gobernar, así es que encima López Obrador es irresponsable porque no solo se arriesga él mismo, sino a todo el pasaje con el que llegue a compartir vuelo en una aerolínea normal.

El político tabasqueño es muy proclive a viajar, y mucho, en el interior de la geografía patria, no se le ve ninguna intención de salir al extranjero para visitar a líderes mundiales o bien asistir a foros internacionales; esa tarea se le ha heredado por completo al canciller Marcelo Ebrard.

Ese es otro punto también en contra de la figura presidencial, pero, si López Obrador no quiere usar el avión, pues que deje que sus otros ministros lo utilicen.

Honestamente, no creo que sea un gran “ahorro” anual estar adquiriendo boleto tras boleto en una aerolínea comercial para el presidente y toda su comitiva. Él no viaja solo.

Multiplicada esa partida de viajes por todos los viajes que hacen sus otros ministros junto con sus respectivas comitivas también en aerolíneas comerciales, mejor que empiecen a usar el avión y se dejen de payasadas.

A COLACIÓN

El canciller Ebrard se ha convertido en un poderoso político; en España lo consideran “el picaporte” para llegar directamente al mandatario López Obrador. De hecho, hace poco, un empresario mexicano me comentó que si él seguía así terminaría perfilándose para suceder al tabasqueño.

Para eso queda todavía tiempo, la nueva administración de Morena es temprana e incipiente; al sexenio le cuelgan muchos meses. Quizá la preocupación de cierta parte del México pensante tenga que ver con la parálisis en varios sectores, la mala toma de decisiones y las ideas “geniales” que salen de la boca del mandatario. Puede que afuera, en el contexto internacional, la gente empiece a creer que México está gobernado por un cómico.

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