“El teatro de Palacio”

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¿Lo vio usted bajar las imponentes escaleras de Palacio Nacional? ¿Verdad que se veía chiquitito?… Sí, diminuto, así es políticamente. Pero como en el teatro de Ernesto Alonso Cachirulo, AMLO reapareció con un traje azul marino en Palacio y diciendo –mensaje subliminal- “ya ven, ya estoy bien”, y emulando al ilustre actor que contaba cuentos de hadas en televisión, pero el presidente nos contó cuentos de vaqueros, como ya es costumbre el presidente divagó, simuló un desbordante optimismo en materia económica y de paso endulzó los oídos de los mexicanos prometiendo las vacunas para la peste que nomás no llegan.

También contó falsas historias, como aquella cuando Vicente Guerrero Saldaña presentó a su padre ante la tropa, después de que este había sido enviado por el virrey para ofrecerle riquezas y honores a cambio de su espada y de rendirse. Guerrero convocó a los soldados del movimiento independentista y en algún lugar de la sierra en el estado que hoy lleva su nombre, Guerrero les dijo:

“Soldados insurgentes, oíd todos. Este venerable anciano, es mi padre, lo envía el enemigo para ofrecerme riquezas y honores a cambio de mi espada y de rendirme. Dios sabe cuánto le amo, compañeros, pero hoy contesto con el alma hecha pedazos, perdón padre mío, La Patria es Primero”. El pasaje histórico fue contado por AMLO totalmente tergiversado. El presidente no sabe de historia.

En su pletórico optimismo, AMLO habló de que las remesas de nuestros connacionales en Estados Unidos rebasaron en el 2020 los 40 mil 600 millones de dólares. Que le dé gracias a esas “benditas remesas”, pero pese a ellas, la economía mexicana, sobre todo en los últimos siete trimestres en el gobierno de AMLO, se ha desplomado en más de un 9 % del PIB y de no ser por ellas, la economía azteca estaría en la lona.

También desbordante de dicha y contento, presumió AMLO que las tiendas departamentales captaron el año pasado más de 124 mil millones de pesos, es decir, unos 10 mil millones más que en el 2019. ¿Quién le entiende, no que odia todo lo neoliberal?… Esa es la economía de los “otros números” de AMLO, pero no de la desastrosa realidad que vive la economía en su gobierno, no solo por la pandemia del coronavirus, sino por las erráticas medidas gubernamentales que han propiciado una total desconfianza de inversionistas tanto nacionales como extranjeros, que se traduce en falta de creación de empleos y menos habló de que en el 2019 cerraron en México más de 500 mil empresas y por lo menos 10 millones de compatriotas perdieron su trabajo, pero volvió a presumir que tan solo en los primeros tres días de este mes de febrero, se crearon en México seis mil empleos. ¿Será un milagro divino?

En el teatro de Palacio, AMLO habló de la pandemia diciendo que nos ha humanizado a todos los mexicanos, que “hay más fraternidad, más solidaridad, estamos haciendo a un lado el egoísmo, clasismo, la discriminación, el odio”. ¿El odio y la división que AMLO ha sembrado con tanto ahínco?…

En fin, los mexicanos habíamos descansado de AMLO durante dos semanas, para ser sustituido por doña Olga Sánchez “Florero”, sí, dos semanas en las que AMLO desapareció de la escena teatral de Palacio Nacional para someterse a cuarentena por haber dado positivo a coronavirus, pero su reaparición en escena ocurrió con el mismo libreto plagado de mentiras, de “otros datos”, sus datos y desbordante optimismo propio de los gobernantes populistas.

No pocos compatriotas, entre ellos mis tres lectores y radioescuchas, me han hecho llegar opiniones que francamente hacen dudar de la veracidad de la enfermedad del presidente, de esa macabra enfermedad que tiene aterrorizado al mundo. Ya no le creen a AMLO, bueno, ni al bendito. Piensan que es un teatrero que desapareció de la escena de Palacio para no enfrentar al cúmulo de problemas nacionales que se le vienen encima como una bola de nieve e incluso se habla de que la enfermedad real de AMLO es una terrible depresión a consecuencia de una aguda neurosis que padece.

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