Elecciones: ¿quién decide las candidaturas?

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Durante 60 años, de 1934 a 1994, es decir, de Lázaro Cárdenas a Ernesto Zedillo, el presidente de la República decidía las trayectorias políticas como jefes políticos de lo que serían el Partido Nacional Revolucionario y después el Partido Revolucionario Institucional. Eran ellos los que autorizaban las candidaturas a gobernador, diputados federales y senadores como jefes políticos del partido. A su vez los gobernadores decidían sobre las carreras en sus entidades, diputados locales y presidentes municipales.

 

En esos años, los partidos de oposición eran los líderes partidistas quienes disponían de las candidaturas que por supuesto tenían muy pocas posibilidades de triunfo frente a la aplanadora electoral que era el PRI. A su vez, esos mismos dirigentes estaban en los primeros lugares de las listas de candidatos plurinominales y con acceso garantizado a los escaños legislativos.

 

A partir de 1997 el PRI ya no obtuvo la mayoría en la Cámara de Diputados, muchos de los postulados por el PRI perdieron las elecciones. En el resultado de este proceso el PRI logró 239 diputados federales y el Partido de la Revolución Democrática 125, mientras que el Partido Acción Nacional 121, el Verde ocho y el Partido del Trabajo siete, de tal manera que sumando los legisladores del PRD, PAN y PT como oposición al PRI eran 253 curules. Si se considera que la composición anterior era de 300 diputados priistas, 119 del PAN, 71 del PRD y 10 del PT, 200 de la oposición contra 300 del PRI, de 500 diputados.

 

El triunfo del PAN en el 2000 señaló no solo la alternancia en el Poder Ejecutivo sino una constante que ha perdurado durante las dos últimas décadas de incertidumbre en los resultados electorales. Así que al cambio, las trayectorias políticas ya no se debían a la decisión del presidente o a los gobernadores sino al voto de los ciudadanos.

 

¿Pero cómo se sustituyó la selección de los candidatos si ya no era función de los ejecutivos? Esa función cambió para continuar igual. El presidente Ernesto Zedillo cuando anunció que se cortaría el dedo, y que no intervendría en la elección del candidato, dejó en libertad a la militancia de su partido para la selección del candidato presidencial, que fue Francisco Labastida Ochoa.

 

Ese mismo ritmo continuó. Sin embargo, a ciencia cierta no fueron los militantes quienes asumieron la selección de candidatos, sino las facciones partidistas que eran conocidas con diferentes nombres, en el PRI grupos, en el PRD tribus o corrientes y en el PAN camarillas. Todas estas facciones encabezadas por líderes carismáticos, caudillos que continúan decidiendo sobre trayectorias políticas.

 

Curiosamente todas tienen su punto de acción y decisión en los centros políticos. De acuerdo con la jerarquía van atropellando a sus militancias. A nivel federal deciden los Comités Ejecutivos Nacionales sobre las elecciones de gobernador, los Comités Ejecutivos Estatales sobre las municipales y en sus decisiones van desplazando a quienes no tienen contactos con los grupos centrales, aunque tengan las simpatías locales.

 

El politólogo italiano Giovanni Sartori en su texto “Elementos de teoría política” hace una interesante pregunta sobre los cargos de representación política, ¿cuál es la sanción más temida, la del electorado, la del aparato del partido o la de terceros grupos apoyo? Esta interrogante tiene respuesta en quien decide las candidaturas y que será a quien le deban el favor en caso de ganar.

 

Durante mucho tiempo los legisladores le debían el favor al presidente de la República; posteriormente hasta ahora a los líderes de los partidos, sin embargo, en esta lucha se ha dejado de lado a quienes sufragan en los procesos constitucionales.

 

Hasta el momento hay dos vertientes: los que están esperando la decisión presidencial, y quienes esperan las decisiones de las dirigencias nacionales, es decir, de los grupos; que aun cuando se encuentran en franca precampaña electoral, salvando restricciones legales, están en espera de que la decisión foránea los lleve a las candidaturas locales.

 

Pero en este proceso preelectoral todos están esperando que otros, los de fuera, decidan lo que tiene que ocurrir localmente. Falta ver si sigue funcionando ese mecanismo que se creía desterrado.

 

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