Embajador, “non grato”

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A VER, A VER…A pesar que en el inciso X del artículo 89 de la Carta Magna, sobre las facultades y deberes del Presidente de la República, se destaca observar no sólo la autodeterminación de los pueblos, sino también “la protección y promoción de losderechos humanos”, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha mostrado omiso ante los crímenes sistemáticos del régimen de Nicolás Maduro.

Debido a la enfermiza actitud de Maduro por violentar las libertades del pueblo venezolano, más de 50 países lo han desconocido. Lo consideran un usurpador y un asesino.

Empero la T4 le otorga todo su apoyo. Se “quita la camisa por un buen amigo”, como dice la canción.

Con una amplia sonrisa, sin ningún pudor, el mandatario mexicano reconoció hace unos días el nombramiento del embajador venezolano, Francisco Arias Cárdenas, pese a que la Asamblea Nacional considera esa designación fuera de la ley.

Y es que de acuerdo con el marco jurídico de ese país, las postulaciones de embajadores deben ser autorizadas por la Asamblea Nacional, misma que está vigente como lo está nuestro Congreso de la Unión.

En este sentido el líder opositor y jefe del Congreso, Juan Guaidó, reconocido por las principales democracias del mundo, calificó como una afrenta a Venezuela el aval del gobierno mexicano. “Esa designación no está aprobada por este Parlamento y es absolutamente ilegal”, dijo.

Inclusive expresó que se estaban haciendo las comunicaciones pertinentes con México para obtener “una respuesta oficial”.

La reacción de la Asamblea Nacional se dio, luego que la cancillería venezolana anunciara en su cuenta de Twitter que Arias Cárdenas entregó sus cartas credenciales a López Obrador.

El presunto nuevo embajador es conocido por su extremismo violento y por haber acompañado a Hugo Chávez en su fallido golpe de Estado en febrero de 1992.

Sin embargo, Andrés Manuel, en forma extraña, mantiene un obsesivo apoyo a Nicolás Maduro. No le preocupa que la mayoría de los países de la región hayan desconocido su reelección y al mismo tiempo condenado por sus crímenes y violación a los derechos humanos, asunto que constitucionalmente debe observar con seriedad el gobierno mexicano.

Como tal vez usted recordará, la mayoría opositora del Congreso venezolano declaró a inicios de año que Maduro estaba usurpando el cargo al ser reelecto en 2018 en unos comicios totalmente fraudulentos

A partir de ahí, decenas de gobiernos democráticos volcaron su apoyo al restablecimiento de los derechos humanos y libertades del pueblo venezolano, el régimen de López Obrador, no.

¿Algo le debe a Maduro? ¿Comparten la misma ideología?

Cuando se le pregunta sobre su postura extraña, responde que está por “la no intervención y autodeterminación”, pero nada dice sobre la “protección a los derechos humanos” enmarcada en el artículo 89 constitucional, tema que está obligado a cumplir.

Bajo esas circunstancias irregulares, el nuevo embajador venezolano debe ser considerado “no grato”, al no ajustarse a las leyes de su país.

En tanto que nuestro gobierno debe esperar a que en Venezuela regrese el Estado de Derecho, para aceptar al embajador que ese país decida enviar a México. No se vale pasarse las leyes por “el arco del triunfo”. Digo. (unomasmega@gmail.com)

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