Emociones contra soluciones

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En ocasiones, en muchas ocasiones, tomamos decisiones a partir de nuestras emociones que en lugar de solucionar un problema, a la distancia nos damos cuenta de que en realidad lo complicamos más y que en lugar de resolverlo continuó ahí, y por eso acabamos por verlo como algo que no tiene solución. Ante esa falta de solucion del problema terminamos culpando a otros de no atenderlo, viendo la paja en el ojo ajeno por no resolverlo; pero ignorando nuestra contribución a agravarlo.

El tema de los niños de las calles es uno de esos problemas. Ojo, los niños de las calles, son los que ya viven ahí, que a diferencia de los niños en la calle, que tienen una casa y una familia, pero por diferentes circunstancias se encuentran en la calle durante el día. Cuántas veces, a ambos, no les hemos dado dinero según para que tengan algo que comer, basta que le pongan su carita de niño triste y desamparado para darle unos pesos o centavos.

Ese niño que le ha puesto su carita triste y de desamparo crece, está acostumbrado a que le den dinero y cuando su carita triste y de desamparo no causa el mismo efecto porque ya es mayor, ¿qué ocurre? Pues de primera instancia es que ya no le dará el dinero ni tan facil ni por su gusto. Pero como además siempre hay niños pidiendo dinero en las calles, usted piensa que es un problema que ninguna autoridad resuelve.

Pero se equivoca, hay instancias gubernamentales y organizaciones sociales que atienden a los niños en situación de abandono en las calles. Les brindan un techo, alimentación, estudios, ropa y atención médica, lo único material que no le pueden dar es precisamente el dinero que pueden conseguir en las calles; pero sus satisfactores materiales y alimenticios sí están resueltos.

Y lo que puede arraigar a los niños en la calle es el dinero para comprar drogas, la cual consume con los pocos centavos o pesos que usted y otras personas le dan. Entonces como producto de la emoción de lástima por los niños en realidad está contribuyendo a que el problema persista y al final cause su indignación porque los niños de las calles que piden limosnas siguen ahí y es un problema que ninguna autoridad, según usted, resuelve.

Este ejemplo que sugiere un comportamiento social, que es individual, a veces, muchas veces se aplica a las decisiones gubernamentales. Con la única diferencia de que si usted da una limosna es su dinero, recurso privado; pero en cambio si la hace el gobierno es un recurso público, que se toma de las aportaciones vía impuestos.

Los gastos, es algo elemental en el ejercicio del gobierno, deben tener un sustento; sobre los beneficios, las necesidades que resuelve, el número de beneficiarios y el impacto que tendrán.

La carta de renuncia de Carlos Urzúa como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público es la que menciona esta circunstancia, la toma de decisiones de políticas públicas sin el debido sustento. Y muchas de ellas, que de forma elemental se han reflejado en estos meses de Gobierno federal, con un recorte en áreas de salud, educación, ciencia y tecnología, que han derivado en recortes de personal y el incremento a la ayuda social, hacen dudar que sean acciones pensadas en el futuro o precisamente pensadas para un futuro no deseable.

Por lo pronto, los gobernados se han dividido en dos: aquellos que aprueban esas acciones gubernamentales y quienes las critican, pero si algo unirá a ambos bandos es la necesidad de pagar a largo plazo lo que se consuma en este gobierno, estemos satisfechos con él o no. Porque tal parece que las decisiones se toman por emoción y no para una solución.

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