“En los pasillos del poder”

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**La despedida a un priista y la bienvenida a una morenista: Héctor Astudillo Flores se va del gobierno de Guerrero y Abelina López Rodríguez llega a la Presidencia de Acapulco**.

Como ya había visualizado: el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, se retira del cargo en medio de una turbulencia que ha ido in crescendo en los últimos días, sintiendo el abandono de la mayoría de los miembros del gabinete, que están más ocupados en ocultar errores, omisiones, pendientes y actos ilícitos (que en estos momentos están siendo expuestos a la luz pública) en lugar de estar -por lo menos- apuntalando a quien fue su jefe.

Otros, que piensan que pueden quedar bien con la nueva gobernadora, inauguran efigies ridículas, dignas de ser colocados en un callejón, como la del comediante Eugenio Derbez que fue colocada frente al hotel Elcano en Acapulco.

En lugar de irse tranquilo, satisfecho y con la esperanza de ocupar un cargo o asesoría, aunque sea minúsculo, en el Gobierno federal, Astudillo Flores observa inquieto que las deudas, los compromisos no cumplidos y las equivocaciones administrativas-financieras lo tienen al borde de la histeria.

Miles y miles de trabajadores del sector salud, seguridad pública, burocracia centralizada, jubilados-pensionados, inversionistas, damnificados del sismo del pasado 7 de septiembre, hoteleros, productores del campo, prestadores de servicios, trabajadores de la educación, estudiantes de niveles medio y superior, comerciantes, amas de casa y comunicadores han salido a la tribuna para develar que hay serios problemas de pagos, incumplimiento salarial, asignación de bonos, apoyo al comercio y la industria, y un sinfín de situaciones no desarrolladas, que tienen en la cuerda floja a cientos de miles de familias guerrerenses.

Astudillo Flores no se va -como aspiraba- con la frente en alto por la gestión realizada a lo largo de su sexenio, pues existen muchos pendientes que dejó para última hora y que hoy le brincan por doquier. Confió en el Gobierno de la República y en su sucesora, pero tal parece que no llegó la ayuda tan ansiada en cuanto a captación de recursos presupuestales. En lugar de establecer una estrategia de cierre gubernamental, que pusiera en la mesa el consenso y la determinación para resolver inconsistencias, se alejó de los principales actores y organizaciones del estado y entonces se desató el pandemónium ante la caída del telón de una obra ilusoria que hoy deja ver las políticas públicas que fueron de ocurrencia y opacas, por decir lo menos, en medio de una pandemia de clase mundial.

El gobernador, que está a un día de irse, se ha limitado a reproducir el tradicional esquema corta-listones, transitando “del tingo al tango” de inauguración en inauguración de obras y tomándose fotografías a diestra y siniestra, departiendo sonrisas falsas que no pueden ocultar su preocupación.

Del tamaño de su desinterés es la despedida que le están brindando por su endeble gestión sexenal. En lugar de retirarse correctamente, resguardando un grado de aceptación positiva y hasta un cierto agradecimiento, Héctor Astudillo se va cuestionado con un torbellino de protestas y mentadas de madre que llegan a los oídos de la Presidencia de México, que a estas alturas no confía ni un ápice en él.

Sus sueños de llegar a la titularidad de una subsecretaría, de una embajada o a una asesoría se disipan al punto de querer refugiarse en Tixtla, tierra de sus ancestros. Sin embargo, esto no es lo que verdaderamente le quita el sueño, porque su real congoja está en que puede ser uno más de los exgobernadores que serán investigados, puesto en la vitrina del vituperio y sentado en el banquillo de los acusados, al más puro estilo de los exgobernadores de Chihuahua, Veracruz y Tamaulipas.

Doña Inés, la señora que vendía picaditas en la calle Aquiles Serdán al ver el rostro descompuesto del gobernador podría haber expresado: ¡Pobre de Astudillo… con las alforjas llenas de dinero y reconocimientos ilusorios, pero tan lejos del paraíso!

En el caso de la presidenta de Acapulco, Abelina López Rodríguez, quien tiene 12 días en el cargo, la bienvenida tiene un toque de reclamo, pues su antecesora, la señora Adela Román Ocampo, dejó en la miseria (administrativa-financiera, social, política, económica, servicios públicos, obras y gobernabilidad) a Acapulco, espeluznante legado que la pone en una difícil situación ante habitantes y visitantes, pues el caos en calles, avenidas y negocios es visible, colocando al municipio en una posición totalmente incómoda y con poco margen de maniobra.

Su llegada se ha visto plagada de cuestionamientos por las decisiones tomadas a bote pronto en cuanto a compra de equipamiento sin tener una estrategia para la correcta recolección de desechos sólidos, distribución de agua potable y la selección adecuada de las mejores mujeres y hombres al frente de las dependencias de turismo, seguridad pública, servicios municipales, protección civil, por enumerar algunas del enorme laberinto en que han convertido a la administración local.

La doctora Abelina López no fue bienvenida porque trae adherida la terrible imagen de su antecesora (afiliada a su mismo partido político, Morena) y por las múltiples acusaciones de irresponsabilidades, omisiones, inacciones y corrupciones que se cometieron durante el trienio próximo pasado.

No ha recibido collares, sonrisas sinceras, muestras de apoyo ni guirnaldas, sino más bien ha sido receptora de una serie de acusaciones por la forma tan burda en que la han asesorado para llevar a buen puerto la gestión gubernamental desde el instante en que juramentó cumplir y hacer cumplir la ley y ser una gobernante al servicios de la sociedad.

Más allá que debe considerar muy seriamente cambios en el cortísimo plazo en la composición de su gabinete, tiene que determinar tácticas que eficienten los servicios públicos, transparencia administrativa-financiera, reacomodos en materia de seguridad ciudadana, aliento a las inversiones, al sector turístico, al comercio y de apoyos directos a la sociedad. Abelina López Rodríguez tiene que ser muy puntual para transmitir un mensaje claro a los acapulqueños, guerrerenses y mexicanos… que iniciará la auditoría integral de la administración de Adela Román Ocampo, a fin de sentar precedente a nivel nacional de que lo mal hecho, lo que fue ilegal e ilícito, tiene que ser castigado con todo el rigor de la ley.

La justicia es entonces el punto de partida para recomponer el tejido social y devolver así la confianza, el sentido de pertenencia y la voluntad para ahora sí transformar a Acapulco.

Como decía Pablito, el hijo de una vecina que jugaba afuera de la casa de mi abuelita Rosalina: ahorita es ahorita. baltasarhg@gmail.com

Por: Baltasar Hernández Gómez

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