En qué creen los que no creen en el COVID 19

En qué creen los que no creen en el COVID 19

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El pasado sábado, el Novedades Acapulco informó de que el estado de Guerrero sobrepasó la barrera de los mil contagiados por la enfermedad infecciosa del coronavirus (COVID- 19) y este lunes el saldo de 170 muertos, de acuerdo a la información del gobierno de la entidad, en las cifras que sobre el tema han dado día a día el Ejecutivo Héctor Astudillo Flores y el secretario de Salud, Carlos de la Peña Pintos. También de manera diaria y reiterativa se ha insistido con la petición de mantener el aislamiento social con el lema “Quédate en casa”, para evitar más contagios.

No obstante de que es uno de los recursos menos costosos, en términos de dinero, de tiempo y de molestias físicas, es el que menos se ha considerado por la población, a pesar de que las infecciones ya han colapsado algunos hospitales al usarse las camas disponibles para la atención del COVID-19, en la que algunos trabajadores del área de salud, como médicos y enfermeras, ya han resultado enfermos.

En todo este tema de la pandemia es curioso ver cómo funciona la mente humana. Al principio mucha gente se resistió a creer en su existencia, con el argumento de que no había muertos. Y ahora que los hay, quienes continúan manifestándose incrédulos y lo expresan en las redes sociales han ido incorporando temas que aun cuando son completamente absurdos, no dejan de ser compartidos, con tal de seguir negando la existencia del coronavirus y sus consecuencias letales.

Así en la lógica de no creer en el COVID-19, creen en otras cosas bastante irracionales. Una de ellas es que a los que hospitalizan es para inyectarles alguna sustancia que les provoca la muerte, aunque no se diga la razón para matar a tantas personas; otra idea difundida es que los internan para extraerles el líquido de las rodillas que es altamente apreciado en el mercado negro. Sin embargo, en broma desde hace tiempo se dice que si alguien no triunfó en la vida fue porque tuvo afectaciones en las rodillas, lo curioso es que a pesar de ello –de que no pudieron triunfar por sus rodillas—crean que ahora tienen un gran valor.

El problema de la incredulidad en torno la existencia del COVID-19 reviste de un problema de salud pública, porque si no creen en ella no se cuidan y se convierten en un foco de infección.

¿Pero por qué algunas personas no creen en el COVID-19, pero sí están dispuestas a creer que en los hospitales están matando nomás porque sí, o por qué creen que sólo los internan para extraerles el líquido de las rodillas?

El científico social Jon Elster en su libro “Las explicaciones del comportamiento social” habla acerca de las creencias y la ignorancia. Citando a Albert Hirschman y a Darwin señala dos asuntos muy relevantes; el primero apunta que en la cultura latinoamericana se le asigna un valor importante a tener una opinión fuerte desde el principio y admitirse ignorante significa admitirse derrotado. Y de Darwin recuerda que la ignorancia genera más confianza que el conocimiento y como tal es una buena receta para el error.

Asimismo, en torno a las creencias, Elster señala que son abrigadas para no admitir la ignorancia, y están motivadas por la racionalización, el pensamiento desiderativo y el autoengaño. El primero se da en el comportamiento y como consecuencia viene la creencia debido al resultado; en el segundo, el deseo es el padre del pensamiento, y cualquier prueba es ignorada; en el autoengaño implican cuatro pasos, se consideran las pruebas, se forma la creencia, la creencia es rechazada o suprimida si no es compatible con el deseo, y por último, el deseo provoca la formación de una creencia aceptable a los deseos.

Como ejemplo, Elster indica que si alguien se mira al espejo y advierte que ha engordado, evita pesarse para confirmar la información, pensando en que puede bajarlos más adelante.

Luego entonces, tal parece que quienes se resisten en creer en la existencia del COVID-19 es más bien por el deseo de que esa enfermedad no exista, el pensamiento desiderativo de negar su existencia para que desaparezca, pero eso no va a ocurrir, por el contrario, se va a expandir todavía más, como se ha visto en los días.

Sin duda, es importante transitar las fases del duelo, pasar de la negación a la aceptación, porque continuar en la negación y en la ira, solo traerá mayores perjuicios.

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