En rojo con medidas de amarillo

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Una vez que se dio a conocer que Guerrero pasó al semáforo rojo debido al incremento de contagios de COVID -19 por la llamada variante Delta, que desató la tercera ola, muchos esperaron que el gobierno actuara como cuando inició la pandemia, con cierre de espacios públicos, negocios, playas desiertas, cines, gimnasios y discotecas cerradas, para lograr disminuir los contagios y con ello las muertes de personas. Lamento decirles que no fue así.

La razón es clara y contundente, ningún lugar puede aguantar un confinamiento como el del año pasado, porque de lo contrario no habrá economía que lo resista y los gobiernos se quedarían sin recursos para hacer frente a las necesidades más apremiantes, de modo que no queda de otra más que reforzar las medidas que ayuden a disminuir los contagios, sin afectar la vida productiva de un lugar.

Así que, a partir de hoy las playas estarán abiertas de las siete de la mañana hasta las seis de la tarde con solo el 40 por ciento de su capacidad y queda prohibido introducir alimentos y bebidas alcohólicas. En el caso de los restaurantes, podrán operar con apenas el 50 por ciento de su capacidad hasta las once de la noche y con venta de alcohol con el consumo hasta las seis de la tarde. Mientras las tiendas de autoservicio seguirán con la medida de permitir el ingreso a sus instalaciones de una persona por familia.

Lo destacable del anuncio que hizo el gobierno sobre las medidas a seguir a partir de hoy, es que el gobernador Héctor Astudillo Flores no se anduvo por las ramas y acusó de manera directa a los turistas que llegan a los destinos de Guerrero y que no acatan las medidas sanitarias, poniendo en riesgo la vida de los guerrerenses y de ellos mismos. Esperemos que quienes vienen a disfrutar a Guerrero de nuestros paraísos naturales entiendan que se deben cuidar para evitar más contagios de COVID -19.

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