¿Energía cara y sucia?

¿Energía cara y sucia?

Comparte con tus amigos










Submit

Hace días me reuní con un ingeniero especializado en asuntos eléctricos para tratar de entender el actual proyecto de reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, un brutal retroceso para la sociedad, para el comercio, para la industria, para las exportaciones y para el país en general. Con un humor verdaderamente sarcástico, comparó a Manuel Bartlett con un hombre primitivo que creaba fuego por medio del frotamiento de un palo con una madera seca, como se hacía, nada más y nada menos, hace 1,600,000 años. Hoy en día, el director general de la CFE pretendería también crear fuego frotando el mismo palo con madera seca, sin saber que ya existen encendedores. Así de escandalosa y certera fue la comparación para entender los niveles de atraso y la catastrófica involución a la que México sería proyectado si el “H” Congreso de la Unión, mejor dicho la “H” carpa de San Lázaro, aprobara semejante iniciativa aberrante y suicida sin quitar una sola coma.

Es difícil imaginar una sociedad sin energía eléctrica o con deficiencias en el suministro y servicio de la misma, como los apagones que el presidente ya no explica por el incendio de unos pastizales, sino, en esta ocasión, por problemas climáticos. Menudo conflicto el de AMLO al no poder resolver los problemas sanitarios, criminales, económicos o sociales por medio de decretos.

El abastecimiento de energía desempeña un papel fundamental en materia de desarrollo económico, de erradicación de la pobreza, de superación educativa, de reducción de la mortalidad y el acceso a atención médica de calidad, entre otros objetivos de mayor importancia. De la misma manera en que el organismo animal se mueve y funciona gracias a la energía, la economía se acelera o se deprime por las mismas razones.

La energía eléctrica es imprescindible para el funcionamiento de los hospitales, vital para echar a andar el entramado industrial del país y generar empleos y riqueza. Resulta fundamental en los establecimientos de ventas de productos de primera necesidad, como los supermercados, farmacias, cámaras frigoríficas, hornos e iluminación, e indispensable en el desempeño de los medios de comunicación, para ya ni hablar de las actividades cotidianas hogareñas, sobre todo cuando se ha impuesto el teletrabajo, en donde los aparatos electrónicos resultan primordiales.

En México la energía eléctrica cambió el uso del molcajete por la licuadora, el refrigerador de hielo por el eléctrico, las lámparas de petróleo por el foco, los calentadores de leña por los eléctricos. En las fábricas se ampliaron los turnos de trabajo al contar con una nueva fuente de energía para la iluminación, de la misma forma en que cambió la vida cotidiana en la forma de trabajar, producir y consumir.

El sector eléctrico debe asegurar un suministro de electricidad seguro, confiable, sostenible, continuo, de alta calidad y lo más barato y limpio posible, desde su generación hasta su distribución a cada usuario final, ya sea familia o empresa, es decir, sin seguridad eléctrica exponemos la estabilidad económica del país.

No se trata aquí de consignar las violaciones a nuestra Constitución o a los tratados internacionales suscritos por México en materia de abasto de energía eléctrica, ni pretendo ignorar las consecuencias económicas y financieras que pagaríamos los mexicanos si llegara a promulgarse la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, solo intento dejar en claro que atentar en contra de la energía del país es tanto como condenarnos al fracaso y hasta el enfrentamiento social.

Existen en el mundo diversas tecnologías limpias y baratas para superar la amenaza de una parálisis económica o de una exclusión comercial de México ante la falta de competitividad. Resulta imperativo no pensar como el hombre primitivo, sino recurrir a los encendedores modernos, a los aerogeneradores o a los paneles solares de nuestros días, en la inteligencia de que en México contamos con una energía solar y eólica envidiable, sin embargo, la 4T y sus emisarios del pasado, insisten en destruir con estulticia suicida, las multibillonarias inversiones ecológicas, las tablas de salvación con las que todavía contamos. El Pithecanthropus erectus condenaría el uso del combustóleo.

Comparte con tus amigos










Submit