Entre la esperanza y las expectativas

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El 2019, de acuerdo con el gobernador del Banco de México (Banxico), Alejandro Díaz de León, fue sombrío debido a la debilidad de la inversión, a la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la negociación del Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea). La economía no se puede estancar otro año más, pues afectaría el bolsillo de millones de mexicanos.

Y por estancamiento vamos a entender el cero crecimiento y, lo que es peor, poca inversión, escaso circulante de capital, lo cual se verá reflejado en los bolsillos de los ciudadanos, pues tendrán menos expectativa de compra, por lo que habrá menos consumo interno. Si a eso agregamos que las exportaciones se limiten, la economía estaría paralizada; y si imprimen más billetes, entonces el riesgo de inflación aumentaría y los precios de los alimentos procesados y servicios subirían. Las políticas de bienestar son óptimas siempre y cuando primero haya excedente.

No se puede apuntalar una economía solo redistribuyendo el capital (dinero) o forzando a un sector productivo para beneficiar a otro solo por sus condiciones de pobreza. La buena intención de estimular la economía local, con circulante (dinero) para aquellos sectores marginados o con ingresos mínimos, probó con Progresa, Prospera y Oportunidades que entregar dinero sin formación financiera no lleva a ningún lado; es como rascarse donde no hay comezón.

A nivel macro se deben establecer medidas proteccionistas, como lo hacen otros países, pues los intercambios comerciales nunca han sido en igualdad de circunstancias; entonces, para la firma del T-MEC, el año que entra, se debe tener mucho cuidado a qué sectores proteger, digamos el energético, el cual sembrará más dudas que certezas. Por lo pronto, nuestros socios ya han protegido el acero.

Las remesas son un importante factor de ingreso de dinero a nuestro país, el cual no debería gravarse. Y, como siempre, la cuestión de la democracia sindical en nuestro país ha sido cuestionada por nuestros vecinos del norte.

Del manejo diplomático del caso de Bolivia dependerá mucho de las relaciones comerciales y políticas que establezca nuestro país con el resto del mundo. Politizar la inversión como se ha hecho hasta ahora no lleva a ningún lado: el Tren Maya, el aeropuerto o la subasta de bienes.

Las encuestas de opinión no se comen y solo dan tranquilidad a quienes salen beneficiados. Ser popular no necesariamente hace al personaje público profesional o con resultados palpables. Han sembrado esperanza, entre algunos sectores vulnerables, pero son nulas las expectativas entre algunos sectores productivos.

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