Errores municipales

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La semana pasada se cometieron dos pifias en el Ayuntamiento de Acapulco, errores que reflejan la improvisación, la falta de revisión, ineficiencia e insensibilidad en la forma en cómo se llevan los asuntos públicos municipales. Uno de ellos es la declaración de la presidenta municipal Adela Román Ocampo en torno a la familia asesinada y el otro la invitación para conmemorar el 109 aniversario de la Revolución mexicana, en la que se incluye como héroe revolucionario a Porfirio Díaz.

Ambos asuntos, de diferentes magnitudes, indican que ni en lo grande ni en lo pequeño se obra con responsabilidad. Comencemos por el grande: la alcaldesa declaró a los medios el 16 de noviembre que algunos de los miembros de la familia secuestrada, cuyos restos fueron hallados recientemente, estaban ligados a actividades ilícitas, señalamiento que fue rechazado y que revictimizó a quienes fueron asesinados.

La presidenta se retractó, pero continúo con la misma línea desafortunada, a la que solo le agregó que la fuente de la información fue la Fiscalía General del Estado. De manera insensible, machacó en que algunos de los integrantes tenían ligas con actividades ilícitas al igual que muchas otras familias de Acapulco. A la abogada se le olvidó la presunción de inocencia.

Aunque en la aclaración repitió la información criticada, la litigante en funciones de presidenta acusó a una campaña mediática en su contra sin reparar que el mensaje que repetía seguía revictimizando a una familia que fue masacrada, incluyendo dos menores de edad.

La alcaldesa no mostró ninguna empatía por los asesinados, pero se dijo víctima de una campaña en su contra. Román Ocampo bien pudo mantenerse callada y señalar que era una averiguación en curso que lleva a cabo la fiscalía, pero, muy por el contrario, insistió en hablar sobre algo que no está dentro del ámbito de su competencia, como es la investigación del delito.

Otro tema en el que el Ayuntamiento muestra la falta de revisión de sus estrategias comunicativas, pero también ignorancia en la historia del país, es la invitación para conmemorar el aniversario de la Revolución mexicana, en la que, entre las fotografías de Francisco I Madero, Francisco Villa, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza, se agrega la de Porfirio Díaz, contra quien se dio el levantamiento armado. Esto es información que se repite cada 20 de noviembre.

Cualquiera podría equivocarse, porque sabemos que los conocimientos de historia no son justipreciados, pero no un gobierno que proviene precisamente de un partido que tiene como bandera la Cuarta Transformación y justamente la anterior, es decir, la Tercera, es la revolución que se alza contra la dictadura de 30 años del porfirismo.

Algunos defensores de oficio podrán argumentar que esto no es responsabilidad de la presidenta municipal. No, pero sí. No es responsabilidad directa de ella, pero tiene un staff (personal) de asesores que tiene la obligación de revisar el material y las estrategias de comunicación que emite la administración municipal y por ello devengan un salario, pero, si el equipo no está atento a lo pequeño, tampoco estará a lo grande, por ello estos asuntos en mención demuestran el descuido y la ineficiencia con la que se trabaja en el Ayuntamiento de Acapulco.

Un viejo periodista radicado en Chilpancingo comentaba que, en una ocasión, el gobernador José Francisco Ruiz Massieu lo mandó a llamar urgentemente a Casa Guerrero y al llegar se percató de que todos los secretarios de despacho estaban sentados en la mesa de reuniones concentrados escribiendo en cuadernos. Ruiz Massieu le ofreció empleo de revisión de material comunicativo; el reportero le respondió que no entendía y el mandatario le explicó que la propaganda electoral impresa tenía un error en la fecha. Los miembros del gabinete, al no percatarse de eso, estaban escribiendo en sus libretas la fecha correcta de la elección.

El periodista rechazó el trabajo aduciendo que se trataba de mucha responsabilidad. Cuando lo contaba se reía diciendo que no le iba a gustar estar llenando un cuaderno como castigo por un error.

En los casos que nos ocupan, los errores cometidos ameritan un castigo similar: llenar planas y planas que digan que no deben ser tan insensibles con las víctimas y que Porfirio Díaz no es un héroe de la Revolución mexicana; haber si así aprenden estos distraídos.

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