Evitar el autoritarismo

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La figura política del presidente López Obrador es motivo controversial: su estilo de conducirse públicamente, su mensaje político, así como la forma en que trata a lo que él llama sus adversarios, es motivo de crítica recurrente por amplios sectores de nuestro país, así como del extranjero. Se le ha denominado como un gobernante que le gusta ejercer el poder en forma autoritaria.

 

El concepto de autoritarismo ha sido abordado por estudiosos de la ciencia política. Podemos referirnos al Diccionario de política de Bobbio y Matteucci, el cual señala que la concepción de autoritarismo se dimensiona bajo tres condiciones:

 

  • Como régimen. Visto desde este enfoque, el autoritarismo es un régimen que privilegia el aspecto del mando y que demerita de una manera radical el consenso, concentrando el poder político en un solo hombre u órgano. Además de restar valor a las instituciones de representación.
  • Como aspecto psicológico. Ligado a un aspecto que tiene que ver con la personalidad. Un sujeto con temperamento autoritario se guía por dos aspectos fundamentales: la obediencia y adulación a quien detenta el poder; y la arrogancia y desprecio a los inferiores jerárquicamente, privados de fuerza y poder.

 

  • Como ideología. En este sentido se presentan las siguientes características: se niega la igualdad entre los hombres y mujeres de una sociedad; se pone mayor énfasis en la jerarquía, se propone la forma de elogiar al régimen autoritario por encima de cualquier otro y se considera a la personalidad autoritaria como una virtud.

 

Finalmente, podemos describir los rasgos distintivos que presenta el autoritarismo visto desde la perspectiva del Diccionario de política de Bobbio y el Léxico de política. Estos son los siguientes: el mando se ejerce de manera apodíctica, la obediencia es una conducta incondicional, la estructura política está fuertemente jerarquizada, existe una fuerte desigualdad entre los individuos, hay una enorme reducción a lo más mínimo de la participación en el poder; persiste una marcada utilización de medios coercitivos para mantener el orden en la población, prevalece la restricción de libertades, se recurre a la propaganda antidemocrática, existe sometimiento del parlamento. Se afirma que el autoritarismo es la antítesis de la democracia.

 

Hace unas semanas el periódico inglés Financial Times publicó el editorial: López Obrador, la nueva figura del autoritarismo en Latinoamérica, y en el que lo califica de “intolerante”. Afirma que si bien López Obrador arrasó en las elecciones de 2018 con el mandato de implementar una “transformación” radical, que el mandatario llama “cuarta transformación”, lo que no obtuvo “fue un mandato para desmantelar las instituciones”. Señala que el más reciente ejemplo de cómo una institución se inclina ante la voluntad del mandatario es la Suprema Corte, al decidir que es constitucional su plan para convocar a un referéndum sobre si enjuiciar a expresidentes.

 

Cuando un presidente exige “lealtad ciega” a los funcionarios  deberían sonar las alarmas. Cuando pide una votación del pueblo para enjuiciar a sus predecesores, lanza una andanada contra el cuerpo electoral independiente y avergüenza en público a quienes lo critican, “hay buenas razones para sentir miedo”. El  Instituto Nacional Electoral ha sido atacado por AMLO por “nunca garantizar elecciones libres”, aunque dicho órgano certificó su victoria. También alude a la situación de los periodistas. “Los que no están de acuerdo con el presidente pueden esperar ser nombrados, acusados de estar ‘al servicio de regímenes autoritarios y corruptos’ que lo precedieron y requeridos de dar una disculpa”. Los ambientalistas que critican sus proyectos, como el del Tren Maya,  añade, “son descritos como lacayos contratados por el extranjero”.

 

Es de suma relevancia que el presidente de la República se aleje del autoritarismo como forma de gobernar. La polarización de la política mexicana puede ocasionar que las elecciones del año 2021 se conviertan en un campo fértil para la violencia. Actuar con “altura de miras” es un deber ineludible que tiene. AMLO debe asumirse como gobernante de todos los mexicanos y no solo a los que él identifica como sus seguidores. Ojalá que las mejores sugerencias y peticiones que se le hacen para propiciar la paz y tranquilidad pueda adoptarlas. Aunque la gran mayoría dice que por el estilo personal de gobernar es imposible. Es como “pedirle peras al olmo”. Veremos.

 

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