Evo Morales: el canto del tecolote

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Nadie se eterniza en el poder, si no lo vence una rebelión lo hace la muerte, al aymara Evo Morales lo ha vencido el pueblo ardido y reclamante por un fraude electoral en las pasadas elecciones que, nuevamente, daban la victoria a Morales.

Hay ciertos políticos cuyo talante ególatra y con tintes mesiánicos les ata al poder, sienten que toda su vida gira en torno a su actividad como gobernante; su narcisismo les impide reconocer lo mucho que se han equivocado y equivocan y lo más esencial: piensan que si no siguen gobernando el país, el estado, la ciudad o el pueblo… todo absolutamente todo se irá al garete.

El expresidente de Bolivia es víctima de su propia vanidad y ambición, llegó a la nación boliviana como una esperanza, una bocanada democrática y terminó emulando a Hugo Chávez en Venezuela, ganando elecciones tras elecciones amañadas, para perpetuarse en la Presidencia de sus respectivos países.

Al menos el dictador Fidel Castro nunca simuló ser lo que ha sido y fue en Cuba; en Venezuela, le salió un clon bolivariano con Chávez quien dejó a Nicolás Maduro como su heredero político, provocando mucho daño. La Primavera Árabe que fue un movimiento iniciado por el descontento en la calle hacia la democracia y el hartazgo hacia líderes políticos calcáreos iniciado de 2010 a 2013, parece que tiene ahora un émulo con el Otoño Latinoamericano.

Chile y Bolivia son sus rostros más visibles pero tampoco se han librado Ecuador, Honduras y otras naciones, no olvidar a Venezuela con ese éxodo de más de 3.4 millones de ciudadanos venezolanos que han debido huir del régimen atroz de Nicolás Maduro.

Por cierto, cabe destacar la resistencia de Maduro ante el desafío de Juan Guaidó y las amenazas recurrentes de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, el sátrapa no termina de caer porque tiene corrompido a parte de la cúpula de su ejército y a los cárteles del narcotráfico también apoyándolo.

A COLACIÓN

Tras trece años gobernando a Bolivia (22 enero de 2006 a 10 de noviembre de 2019), Morales pretendía quedarse hasta 2025 bajo el pretexto de haber ganado otra vez en la pasada cita electoral de octubre; pretendía más bien no irse nunca, hilar un triunfo electoral tras de otro, con una ristra de mentiras aduciendo que bajo la democracia sigue siendo elegido aunque tenga la mano bien metida haciendo amaño.

Morales llegó a México el día de ayer, martes 12 de noviembre, en calidad de asilado político (la pregunta es quién pagará todos sus gastos diarios, la vivienda, su chófer, su alimentación y velará por su seguridad) pero debió solicitarle ese favor a su cuate Maduro con quien comulga en sus ideales.

México tiene una gran tradición histórica para asilar políticos, recordemos al célebre León Trotsky, quién salió huyendo de la URSS amenazado por Stalin y aunque llegó a México y vivió un tiempo en Coyoacán terminó asesinado por Ramón Mercader, un agente español, al servicio del poderoso órgano de servicios internos soviéticos NKVD.

Po supuesto, recordemos ese gran exilio humano y que unió todavía más los lazos culturales y sanguíneos, como la acogida generosa de los 25 mil republicanos llegados a México en esos barcos enviados por el presidente Lázaro Cárdenas del Río.

Al país azteca, no siempre llega todo lo bueno, también llega mucha gente mala a perderse entre su geografía patria, se ha convertido en reducto de asesinos y mafiosos muchos perseguidos allende la frontera o inclusive desde el otro lado del Atlántico: varios etarras se han escondido en México, algunos han sido descubiertos y devueltos mediante convenios de extradición a España.

Ahora llega Morales, ¿hay que recibirlo? Yo creo que no, debería ser una buena oportunidad por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador de distanciarse de todo lo que Evo representa: la antidemocracia.

Inclusive no hay que obviar que no es la primera vez que se habla de un potencial exilio en México de Maduro, yo creo que ante la tesitura histórica delicadísima que estamos viviendo, en esta transición hacia lo desconocido, el gobierno de México debería apaciguar los ánimos no nada más de sus críticos sino de mucha gente que ve con preocupación que económicamente el país no acaba de despegar y al presidente López Obrador le preocupan más los baños de pueblo que el sentar verdaderamente las bases para permitir que millones de pobres tengan la oportunidad histórica de salir del atavismo de la miseria.

Los movimientos sociales que estamos presenciando primero, con las Primaveras Árabes, luego, con el Otoño Latinoamericano, no exime a México… no estamos muy lejos de que la gente salga cansada a las calles demandando más seguridad y más empleo, más igualdad y menos hambre.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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