Familia de hondureños confía en que Dios toque el corazón de Trump

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Giovani y Yezmi, padres de cuatro de los cinco infantes, descansan y sueñan en una vida mejor para sus pequeños y para ellos


MÉXICO.- Con la esperanza de que “Dios toque el corazón de Trump”, una familia de 21 integrantes, proveniente de Honduras, entre ellos, cinco niños de tres, ocho, 10, 12 y 14 años de edad, espera pacientemente, en el albergue de Ciudad Deportiva, seguir su camino hacia la frontera de Estados Unidos.

Debajo de un refugio construido con plásticos, colchas y cobijas en la zona verde del pasillo que se encuentra a unos metros de la puerta seis de acceso al deportivo y que conduce al albergue instalado para dar apoyo humanitario al éxodo migrante, Giovani y Yezmi, padres de cuatro de los cinco infantes, descansan y sueñan en una vida mejor para sus pequeños y para ellos.

“Nos quedamos, para adelante, pero nada para atrás”, dice Giovani, quien vivía en Saba, Colón, Honduras, pero la situación de pobreza en la que mantenía a su familia lo armó de valor para abandonar su país y no sólo eso, sino llevarla con él.

Todos ellos, hermanos, tíos, primos y sobrinos, esperan llegar al país del norte que ha amenazado con no dejarlos pasar y su presidente, Donald Trump, ha ordenado el despliegue de más de cinco mil soldados y la colocación de cientos de metros de alambre.

Aun así, la pareja centroamericana y sus familiares tomarán sus pocas pertenencias, dos carriolas que les regalaron en su trayecto y en las que transportan a los menores, algunas cobijas y mochilas, y emprenderán el camino una vez que los miles de migrantes que han llegado al albergue de la Ciudad Deportiva se pongan de acuerdo y decidan el día y la hora en que reiniciarán su camino.

Mientras eso ocurre, continuarán guareciéndose debajo de los plásticos de color negro que los protegen del frío y del sol; Giovani y su familia prefirieron este espacio en lugar de las grandes carpas que se encuentran esparcidas al interior del estadio “Palillo”, porque hay mucho bullicio y están amontonados.

Aquí, comenta, “en nuestra guarida, estamos tranquilos, no pasamos frío, tenemos libertad de conversación y, además, nuestros hijos, por lo menos los más pequeños, juegan bajo nuestro cuidado”.

En torno a ellos y sobre todo al interior del estadio otros migrantes se divierten de distintas formas para hacer la espera menos tediosa y larga; unos, incluso, entran y salen de la Ciudad Deportiva, pero la familia de Giovani prefiere mantenerse en su refugio, recostados y pensando en hacer realidad el sueño americano.

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