Gobiernos de caricatura

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La Universidad de Harvard, la más popof de Estados Unidos, acaba de otorgar un premio de puritita chunga a nueve jefes de Estado que han enfrentado erráticamente, con los pies y no con la cabeza, el combate a la pandemia del coronavirus y entre ellos figura, tristemente, Andrés Manuel López Obrador, quien, por cierto, se tambalea políticamente y podría tener sus días contados en la Presidencia de México merced a que arrastra una carretada de problemas sin resolver, como el conflicto de la presa La Boquilla, en Chihuahua.

 

El galardón de chunga que se entrega cada año en la Universidad de Harvard, en los yunaites, incluyó la categoría Educación Científica Médica con dedicatoria a nueve Jefes de Gobierno, entre ellos, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Boris Johnson y Andrés Manuel López Obrador, aunque también figura Pedro Sánchez, a quien los españoles exigen que ruede su cabeza.

 

La mayoría de los mandatarios galardonados con el burloncito premio enfrentan en sus naciones una severa crisis política, económica y social que podría mandarlos a sus casas en cualquier momento porque han jugado y se han burlado del coronavirus haciéndole creer a la población que no pasa nada y demostrando, con sus erráticas decisiones, que los políticos pueden influir de manera inmediata sobre la vida y la muerte de las personas, mucho más que los médicos y los científicos. Donald Trump en Estados Unidos y Andrés Manuel López Obrador en México son dos casos por demás emblemáticos, pues en ambos gobernantes no hubo poder humano ni divino que los obligara a ponerse cubrebocas; bueno, ni los propios científicos encargados de las pandemias en ambas naciones. Son dos anárquicos gobernantes que se sienten indestructibles y con ello han dado un ejemplo desastroso a la población que mal gobiernan, lo que se ha traducido en una mortandad que en Estados Unidos alcanza los 200 mil y en México, los 74 mil; en ambos casos, AMLO y Trump voltean la cara cuando se les habla de muertos y, si la dan, justifican su negligencia criminal e ineptitud culpando a otras naciones de sus males.

 

Tan solo en México ya suman casi mil quinientos muertos, entre médicos y enfermeras que han fallecido porque el negrerismo de AMLO los mandó a la guerra sin fusil, es decir, sin los elementos esenciales para protegerse; en cientos de casos, médicos y enfermeras se convirtieron en portadores del letal virus contaminando a familias completas, que en la mayoría de los casos murieron en sus casas porque la orden de AMLO fue no saturar hospitales para que no fuese cuestionado porque la pandemia se le había desbordado y salido de control. En las últimas dos semanas, Donald Trump, quien busca su reelección el 3 de noviembre próximo, tuvo que admitir que escondió la realidad de la crisis sanitaria en Estados Unidos porque no quería crear una alarma o sicosis entre la población. Esa sola declaración de mea culpa bastaría para que fuese destituido como presidente de Estados Unidos, igual que AMLO en México, quien advertía que a él el coronavirus le hacía lo que el aire a Juárez porque cargaba en su bolsillo sus amuletos para contrarrestarlo. Dos gobernantes de chunga. ¿Verdad que se merecen el premio de chunga que les otorga la Universidad de Harvard? ¿Verdad que también se antoja que rueden sus cabezas para que no sigan provocando dolor a sus pueblos?

 

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