Golpe de Estado

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¿Puede una reforma constitucional como la Reforma Laboral invalidarse mediante un decreto presidencial con una firma o con un memorándum? No.

Andrés Manuel López Obrador dejó perplejos a juristas, legisladores de todas las lacras sociales llamados partidos políticos y hasta los bebés de pecho con su anuncio de este martes en el sentido de que si la CNTE y el magisterio nacional en general se niegan a dialogar para llegar a acuerdos que deroguen completamente la Reforma Educativa peñista; entonces, él enviará a los titulares de la SEP y Gobernación sendos memorándums para dejar sin efecto la mal llamada Reforma Educativa peñista.

¡Qué absurdo y qué ignorancia manifiesta de un gobernante en materia constitucional!

El señor presidente debe entender que ese tipo de acciones son propias de los regímenes dictatoriales, que de un plumazo pueden ordenar de manera tiránica la suspensión de garantías constitucionales por sus puras pistolas.

Recordaré que la última suspensión de garantías constitucionales ocurrió en 1942, cuando el presidente Manuel Ávila Camacho lo pidió al Congreso de la Unión toda vez que la paz pública de la nación azteca se veía amenazada por la Segunda Guerra Mundial, a la que concurrió nuestro país con el histórico Escuadrón 201, que, por cierto, los principales libros de historia no dan cuenta de sus actividades en el océano Atlántico o Europa.

No, la Constitución no es un libro cualquiera. En ella se consagran todos los derechos y obligaciones de los mexicanos y hasta de los extranjeros residentes en nuestro territorio.

Si el señor presidente quiere abrogar la Reforma Educativa peñista mediante un decreto, firma o memorándum, estará violando la Constitución que juró cumplir y hacer cumplir. Cualquier ciudadano mexicano que interponga una demanda de amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación se la ganaría con la mano en la cintura y, con ese solo hecho, el señor presidente podría ser acusado de abuso de poder y otras agravantes, pero, además, si el llamado dios de Macuspana fuera capaz de disparar ese decreto o memorándum, estaría suplantando legalmente al Poder Legislativo, lo cual equivale a un golpe de Estado técnico.

¿No habrá nadie que asesore al presidente y le hable sobre sus yerros o, para no meterse en problemas, que el propio inquilino de Palacio Nacional consulte a “los sabios del derecho”, que con él trabajan como burócratas? Qué necesidad de desgastarse políticamente por errores que lo exhiben como autoritario y como un gobernante que desconoce las leyes.

La nueva ocurrencia del presidente de la República se presta a mofas de propios y extraños. Y las críticas de las cúpulas empresariales, de sus opositores políticos y de los mexicanos a pie no se han hecho esperar. Ya se ve que la ignorancia y autoritarismo del señor López Obrador son dos ingredientes fundamentales que podrían muy pronto acabar con su capital político.

Bien diría el filósofo chino Confucio, aquel que sembró la confusión, que “la ignorancia es la obscuridad de la mente, pero una noche sin luna y sin estrellas”.

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