Golpe psicológico, cuenta

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David Martínez Téllez

Ganó Biden (Baiden en pronunciación inglés). Y con ello asoma la posibilidad de vencer a presidentes populistas. Representantes que si bien han ganado legal y legítimamente la presidencia a través del voto, y que han abusado del discurso para conservarse en el poder, ahora pueden ser derrocados por la misma vía.

En la Grecia de los filósofos de hace muchos siglos, a este tipo de personas, se les calificó de sofistas.

Hilaban un discurso coherente, bien elaborado. Lógico. Con premisas verdaderas o falsas, cuya conclusión es verdadera. Eso no quiere decir que real.

Explico. La lógica elemental indica que a premisas verdaderas, conclusión verdadera. O, premisas falsas, conclusión verdadera. En este último ejemplo puede confundir al lector primerizo. Porque en el primer ejemplo no existe ningún problema. Sin embargo, en el segundo planteamiento se ve contradictorio, pues se plantea premisas negativas, para lo cual debería ser negativa la conclusión.

Luego de ofrecer algunas explicaciones, se puede aclarar que de premisas negativas resulta verdadera la conclusión porque se está afirmando que es verdadero que las premisas son negativas o falsas.

O sea, es lógico que obtenga una conclusión verdadera, la cual me está afirmando la falsedad de las premisas.

Al lector avispado, me parece, encuentra la lógica de los anteriores ejemplos.

Y eso es lo que construían los sofistas. Argumentos falsos para concluir positivamente. Y, por supuesto que utilizaban una lógica.

Pero la lógica choca, se enfrenta con la realidad. Los sofistas iban al mundo de las ideas. Y en la mayoría de los casos las ideas se construyen en la especulación. En lo que podría ser y se escucha lógico. Convence. Y al compararlo con lo que sucede, simplemente se cae.

Los discursos se quedan en el nivel de ideas.

Y como idea nos queda la sensación de que el presidente de México era un aliado de Trump. Se refuerza esa opinión cuando la mayoría de los presidentes del mundo ya han felicitado al nuevo ganador de los Estados Unidos, y el representante mexicano, no lo ha hecho. Ese signo puede leerse como lealtad a su aliado, lo cual es loable. Pero considerar un aplazamiento a quien ya lo consideran vencedor; es un síntoma de falta de diplomacia o, incluso, de educación política.

También puede considerarse que la pérdida de la presidencia de Trump es un golpe psicológico al mandatario mexicano; pues al parecer le apostó todas las canicas, tan es así que sus compañeros de partido realizaron campaña en territorio gringo.

Los adversarios de AMLO y Morena también entendieron que “ese revés” los fortalece mentalmente con el nuevo triunfador.

Todo lo que huela a Trump va en picada. Algunos personajes que creen hacer política en Guerrero, y en estos días subieron a sus “redes sociales” que visitaban pueblos mágicos en compañía de trumpistas, con la idea de enviar mensajes de “fuerte apoyo”. El recado, ahora, es al revés. Son perdedores.

Y como dice el refrán popular mexicano. “Dios los hace y ellos se juntan”.

Un golpe ya está dado. Y, al parecer, van a venir, otros.

 

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