¿Guardia Nacional? ¿Y la Policía Federal?

¿Guardia Nacional? ¿Y la Policía Federal?

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Si la Policía Federal Preventiva se creó en 1999, en el último año del afortunado gobierno de Zedillo; si en 2009, durante la admi- nistración de Calderón, dicha institución se reformó privándola del carácter preventivo para que naciera la Policía Federal tal y como la conocemos hoy con sus 56,000 elementos; si este cuerpo policiaco cuenta en la actualidad con una División Antidrogas para combatir la producción, tenencia, tráfico y otros actos re- lacionados con estupefacientes y psicotrópicos a fin de prevenir

los delitos contra la salud y aquellos derivados de operaciones con recursos de procedencia ilícita, falsificación y alteración de moneda; si a esta división le corresponde conocer y dar cumplimiento, en el ámbito de su competencia, a las disposiciones relativas a los delitos contra la salud que dicta la normatividad aplicable y para ello diseña, coordina y opera sistemas de recolección, clasifica- ción, registro y análisis de información que le permiten conformar una base de datos que sustenta el desarrollo de programas y las acciones útiles para la toma de decisiones, elaboración de programas, así como la conducción y ejecución de operativos para prevenir y combatir los delitos en la materia; si la Policía Federal aplica métodos de análisis de información para generar inteligencia operacional que permite identificar a personas, grupos, organizaciones, zonas prioritarias y modos de operación vinculados con los delitos que son de su competencia, entonces, ¿para qué crear una Guardia Nacional si ya hay una Policía Federal con atribuciones legales, presupuesto público, equipamiento y cierta capacitación aunque esta pueda ser ineficiente?

¿Más? Sí, claro: si la policía antes citada efectúa las investigaciones relaciona- das y realiza detenciones en casos de urgencia y flagrancia conforme a lo dis- puesto en el artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexi- canos y el Código Federal de Procedimientos Penales y en coordinación con las autoridades y unidades competentes de la Policía Federal, la División Antidrogas colabora con los organismos y grupos internacionales en la investigación de los delitos en materia de su competencia, entonces, insisto, ¿para qué fundar una Guardia Nacional y echar por la borda 20 años de esfuerzos, en todo caso infruc- tuosos, dedicados a atacar al crimen organizado?

Las respuestas acceden a mi mente como una cascada de agua helada: se trata de un nuevo recursos populista y publicitario para desechar lo actuado con antelación a la llegada de AMLO al poder. ¿El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México lo inició Peña Nieto? ¿Sí? ¡Clausúrenlo con el pretexto de la corrupción aunque se entierren 150 mil millones de pesos en un país, donde el 42 por ciento de las escuelas públicas carecen de servicios sanitarios para los pequeñitos! ¿Qué en las estancias infantiles se reciben a 325,000 menores de dad para permitir que sus madres se ganen la vida trabajando decorosamente? ¡Suprímanle los subsidios y abandonen a su suerte a niños y progenitoras para que los atiendan abuelos que tal vez trabajen o vivan fuera de las jurisdicciones de los padres y no les alcance la dádiva del Gobierno ni para comprar una botella de leche al día! AMLO parece decir que la historia nace con él y acabará con él, al igual que el país.

Si la Policía Federal no ha funcionado correctamente en términos de lo desea- ble, la institución se arroja al bote de la basura por una simple y llana razón: no la creó López Obrador, quien declaró que se trataba de una institución fallida y en lugar de repararla, purgarla, adecuarla y modernizarla, prefiere destruirla de la misma manera en que se decide hundir un barco lleno de ratones para acabar con la plaga de roedores.

Lo más curioso del caso es que la iniciativa legal para fundar la Guardia Na- cional enviada al Senado por parte del presidente de la República fue rechazada por unanimidad por ese órgano colegiado. ¿O sea, que los 59 senadores de Mo- rena, los seis del Partido Verde, los del PRD, los cuatro de Encuentro Social, los integrantes de la alianza política armada por López Obrador se le enfrentaron de golpe así porque sí al jefe de la Nación? ¿Se le rebelaron, lo pusieron en su lugar alegando la soberanía y el respeto a uno de los poderes de la Unión? Solamente un párvulo, además de obnubilado, iba a creer semejante patraña.

Al día siguiente de la votación en el “H”, con comillas y mayúsculas, en el Senado de la República, López Obrador felicitó a los legisladores por su decisión, es decir, por haber dado marcha atrás a su propia iniciativa en lugar de haber declarado que defendería su propuesta hasta sus últimas consecuencias y que vetaría la ley en el caso de que la aprobara la Cámara de Diputados.

¿Dónde se ha visto que un presidente festeje que echen por tierra sus decisio- nes? Únicamente en México, y porque en realidad se pretende vestir al primer mandatario con un ropaje democrático y republicano que le queda muy grande. Por supuesto que todo ese recurso demagógico muy mal elaborado por parte del presidente no pasa de ser una gran farsa parlamentaria propia de un circo legislati- vo, donde solamente faltó que los senadores de Morena se disfrazaran de payasos.

¿Quién de ellos, con la mano en el corazón, se atrevería a encabezar un

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