Guardia Nacional, ¿y lo que falta?

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Con la fuerza que le da la mayoría en el Congreso, pero sobre todo la alianza con otros partidos, el presidente Andrés Manuel López Obrador logró que su propuesta de crear la Guardia Nacional pasara a la aprobación de los estados, que en el caso de Guerrero ya fue aprobada. Esto se trata de un esfuerzo para abatir la inseguridad y la violencia que permea en el país desde hace más de 10 años y que no tiene para cuándo apaciguarse.

Es claro que la Guardia Nacional no será por sí sola la panacea contra la inseguridad y la violencia, que se ha manifestado de diversas formas tanto en el país como en los estados, sobre todo en los que ocupan los primeros lugares en extorsiones, secuestros, homicidios, robos y asaltos, además de los daños colaterales en los enfrentamientos entre aquellos que disputan terrenos por actividades ilícitas.

La propuesta de López Obrador avanzó en mejores condiciones que con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto por la mayoría que tiene en muchos de los congresos locales, además de la Cámara de Diputados y el Senado. La anterior propuesta del Mando Único no podía pasar de ser una iniciativa en idea que no se concretaba.

Ahora, con el nuevo gobierno, sus mayorías parlamentarias y el apoyo de otros partidos, como el PRI, se debatió y aprobó. Los principales resquemores vienen de los simpatizantes de izquierda, que en su mayoría votaron por López Obrador. El origen del resentimiento es la actuación de los militares en dos periodos, 2 de octubre de 1968 y 10 de junio de 1971, además de la Guerra Sucia que en Guerrero dejó centenares de desaparecidos y muertos.

Es por ello que el debate se centró en la militarización del país y de alguna u otra forma opacó otros aspectos importantes en cuanto al crimen y castigo; así, los temas de investigación y penalización se quedaron sin cambios que pudieran garantizar buenos resultados. En términos generales, los acusados por los diversos delitos pueden salir libres en la medida de cómo se integra la averiguación, cuya investigación todavía hace la Policía Ministerial.

Otro aspecto son los penales, que en lugar de ser centros de reinserción o readaptación social, son centros de especialización para la comisión de delitos o espacios donde se llevan a cabo actos ilícitos, como las llamadas de extorsión.

Estos aspectos se diluyeron en la discusión en torno a la Guardia Nacional, que se centró principalmente en quién debe encabezar esa área y se exigía que fuera un civil; sin embargo, en el juicio negativo de los opositores al Ejército y a la Armada por las acciones mencionadas en Tlatelolco y el Jueves de Corpus, así como la Guerra Sucia, se olvida que las Fuerzas Armadas mexicanas no se mandaban solas, sino que cumplían órdenes del comandante supremo que era precisamente el presidente de México, tanto Gustavo Díaz Ordaz como Luis Echeverría Álvarez.

En ese entonces, como ahora, la responsabilidad de las acciones del Ejército, las buenas y las malas, son atribuibles al presidente de la República en su calidad de comandante supremo.

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