Guerrero: 170 años de disputa

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En el origen del estado de Guerrero se encuentra el Caudillo y su poderosa hacienda. El hacendado Juan Álvarez, que fue el primer gobernador y luego presidente de la República, fue quien llevó a cabo las gestiones ante las Cámaras, de Diputados y Senadores, que aprobaron el decreto el 27 de octubre de 1849, firmado por el presidente José Joaquín de Herrera, en donde se manifiesta la creación del nuevo estado, con el nombre de Guerrero (nombre propuesto por Juan Álvarez en honor a Vicente Guerrero).

La conformación y fundación del estado de Guerrero, sus levantamientos armados, movilizaciones sociales y bajo desempeño democrático no podría explicarse sin la presencia de caudillos o caciques. Se agregan nuevos nombres y se desplazan otros, pero persiste la relación patrón- cliente que se inició desde la fundación de la entidad.

Guerrero, dice Armando Bartra, es desde su fundación ámbito de caudillos de origen terrateniente que extienden su dominio de la esfera económica a la militar y de ahí a la política. Como terratenientes aportan a su peonada “que a una orden del amo transitan de la condición de mano de obra a la carne de cañón”.

Otro historiador, Ian Jacobs, sostiene que el siglo XIX Guerrero fue la era del cacique, y el territorio fue escenario de disputa de estos, Juan Álvarez contra Nicolás Bravo, el primero masón del rito “yorkino”, federalista; y el segundo del rito “escocés”, centralista. Aunque dejaron sus enconos en la alianza por formar al estado, la búsqueda del control de la entidad la volvió a despertar, y continuaron las querellas por el territorio y su poder, los herederos políticos de ambos, fueron Florencio Villareal y Vicente Jiménez le disputaron el mando a Diego Álvarez, hijo y heredero de Juan Álvarez.

Sí los años posteriores a la Independencia fueron frecuentes a lucha entre caudillos por el poder en el territorio guerrerense, con la persistencia de la relación patrón- cliente; la Revolución no significó un cambio, al menos que se considere como un cambio el origen de los nuevos caudillos:

En el periodo de la revolución surgen tres liderazgos en la entidad, el maderista- constitucionalista, encabezado por Julián Blanco, con los hermanos Figueroa, Ambrosio, Francisco y Rómulo. El zapatismo liderado por Jesús H. Salgado; además de Silvestre Mariscal, líder de una corriente acomodaticia políticamente, sucesivamente maderista, huertista y carrancista. Pero en Guerrero llegaron a luchar unas 23 bandas rebeldes en cuatro zonas.

Con la muerte o la caída en desgracia de la mayoría de los principales dirigentes de la revolución en Guerrero, que eran rancheros; ascenderían al poder los civiles, aunque eran revolucionarios sus actividades no tenían que ver con las militares. Esta nueva generación de civiles en la política no fue exclusiva de la entidad, sino también en todo el país.

Con nuevos políticos y nuevos actores sociales, los mecanismos de movilidad y asecenso social cambiaron; ahora la influencia se lograba gracias a dominio de los puestos de gobierno y con los favores en la asignación de recursos públicos.

El reclutamiento se lograba gracias a la conformación de sindicatos de trabajadores y de organizaciones campesinas, con ellos se ascendía dentro de la burocracia federal o estatal, para crear una base de poder más amplia. Este nuevo modelo de organización político pudo utilizar los métodos tradicionales del caudillismo que propició el sistema político contemporáneo de México.

Este modelo de ascenso y movilidad social es el que persiste, a pesar de los cambios de los partidos políticos en el gobierno. Al final sigue siendo la misma disputa con los mismos recursos usados por ambos bandos, y eso 170 años después.

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