Habrá que esperar

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Existe una gran cantidad de diagnósticos en las universidades hechas por especialistas y en las mismas dependencias de la realidad del país. Datos duros. Números y estadísticas no de ahora, sino de los últimos veinte o treinta años, información que se puede utilizar en prospectiva para elaborar tendencias a corto y mediano plazo, para la toma de decisiones.

Pero, al parecer en el último año, se ha gobernado al país por ocurrencias y por ello han renunciado: Simón Levy-Dabbah como subsecretario de planeación turística de la Secretaría de Turismo; Germán Martínez Cázares a la dirección general del Instituto del Seguro Social; Josefa González Blanco a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales; Felipe de Jesús Muñoz Vázquez a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delitos Federales y Omar García Harfuch, agente de investigación criminal; Guillermo García Alcocer como comisionado presidente de la Comisión Reguladora de Energía; Sergio Jaime Rochín del Rincón como titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas; Tonatiuh Guillén López al Instituto Nacional de Migración y Carlos Manuel Urzúa Macías a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Tomemos otro ejemplo, el sector educativo. Donde no hay rumbo, ni cambios contundentes como esperaban los maestros.

Al menos el que el cambio de portadas en los libros de texto gratuitos sea una transformación de fondo. Porque el contenido es el mismo. Situación que rechazaron los maestros. Ni siquiera en el aumento salarial hubo transformación, porque se sigue conservando la fórmula de aumentar al salario diario del magisterio el equivalente al precio en el mercado de un dólar. En promedio veinte pesos al día.

Los precios de la canasta básica no han ido en ese mismo tenor. El precio del kilo de pollo y de aguacate, solo por citar dos casos, fue del doble. Luego de la crisis en la distribución de combustible.

La crisis económica la sienten las amas de casa. La tan traída y llevada austeridad republicana no concuerda con mejorar las condiciones económicas de los más desprotegidos o desvalidos del país que fueron quienes le apostaron a la alternancia en el poder. El fertilizante no ha llegado.

La confrontación de la Policía Federal y de la Suprema Corte con el actual gobernante deja muy mal sabor de boca a quienes les han apostado a la democratización y autonomía de las instituciones.

A un año del triunfo electoral no hay nada que festejar y habrá que esperar.

Una esperanza que pronto llegará al hartazgo social, no solo por la falta de resultados sino porque lo que tanto se intentó combatir será la imagen pública con la que recordaremos a quienes administran ahora la alternancia en el poder.

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