Herencia maldita

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A propósito, septiembre, mes del testamento. Se sugiere que quienes poseen bienes muebles e inmuebles distribuyan ese patrimonio entre los herederos con el objetivo de evitar futuros pleitos, los cuales han llegado a extremos trágicos. Si embargo, ese documento es costoso, aun con descuentos precisamente en este mes patrio en notarías, cuando se promocionan atractivos descuentos. Contraste. Las historias de disputas familiares por una herencia son perpetuas. Por míseras (ropa o un ropero) o enormes extensiones de terrenos o “la casa” que ni siquiera ayudaron a construir. A veces instiga la pareja del beneficiario. Ambición.

He conocido eventos donde el heredero reparte en vida, incluso con testamento protocolizado, y… sucede lo inverosímil… y los agraciados, fiel a su naturaleza humana, orillan a un destierro desde espiritual hasta físico de lo que queda en vida del progenitor. Aquí se recomienda suscribir la leyenda “se hará efectivo este testamento cuando haya fallecido el otorgante”. Abogados dicen estos temas son privados. Vayamos a los temas públicos, a los políticos. En tiempos de dictadura, como lo vivimos en México, era imposible saber cuánto se llevaban quienes habían gobernado. Opacidad. Se asoma la alternancia y todavía es poco lo que se conoce de los robos. Llega lo que le dicen la cuarta transformación y se empieza a destapar la caja de pandora. En muchos casos se ha quedado en el discurso con la estrategia de plantar en el consciente colectivo cierta simpatía. Al revisar quiénes han caído en la cárcel se encuentra un número ínfimo de castigados por robo, fraude o enriquecimiento.

Con la pandemia y su consecuencia ausencia de recursos los que van a gobernar se han topado con que habrá solo dinero para pago de salarios. La herencia. Y ya han comenzado a alborotar a sus seguidores en el sentido de que difícilmente habrá el cambio que anunciaron. No hay, no hay y no habrá, principalmente recursos. La realidad, ya se enteraron los nuevos gobernantes, los va a rebasar. Aluden a un apoyo incondicional de sus sufragantes, lo cual se puede traducir a revestir, también desde ya, su incapacidad. La herencia maldita, se refiere a que en los ayuntamientos de Chilpancingo y Acapulco, en lugar de recibir algunos recursos, van a ser sustituidos por deudas o conflictos con empleados porque no se les han cubierto quincenas o bonos.

En la capital era de esperarse que se dijera públicamente sobre la problemática de esa “herencia maldita”, pues vamos a vivir la segunda alternancia; pero Acapulco sorprende porque son del mismo partido quienes se van y quienes llegan. Los trapitos sucios se lavaban en casa porque eran los mismos. Estábamos en una dictadura; pero ¿en los nuevos y que son del mismo partido? Esto solo me lleva a la consideración de que son iguales a los que critican de “rateros”. Estaríamos hablando de un cambio real si los neo izquierdistas llegaran a castigar a sus propios compañeros de partido. Esa transformación sería real si entablan demandas judiciales con las pruebas pertinentes.

Hasta entonces veríamos una metamorfosis, lo otro, que digan y declaren “ese cambio” se queda en un exhibicionismo personal, pero no institucional. La herencia familiar, por lo general, es un premio siempre y cuando alguien no alimente la codicia. La herencia pública e institucional arriba con deudas, ya nada que robar; por eso la herencia es maldita, sin embargo, queda el recurso del ingenio, y, dos de ellos han sido préstamos y endeudamientos. Ya llegamos a tocar piso. A partir de aquí tendríamos que emerger, pero estos vinieron a escarbar. ¡A temblar!, porque van a ser acompañados por una sociedad zafia. La herencia va a ser social, es lo preocupante.

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