Ideología y cambio Parte II

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Si las condiciones están dadas para el cambio deseado por las mayorías, en particular, de la clase trabajadora y que sea ella la más beneficiada, o esté mejor en este sistema económico, político y social, ¿por qué no ha logrado tener éxito en sus pretensiones?

Para algunos de entre los más grandes pensadores que han estudiado este asunto del cambio social, la respuesta está en la ideología que nos formamos de lo que es este mundo. ¿Por qué estriba en la ideología la falla?

Resulta que la percepción que tienen estas mayorías de lo que es la realidad económica, política y social, no corresponde en forma real, exacta y precisa de lo que es dicha realidad, es una conciencia mistificada. Estos pensadores opinan que tenemos una “falsa conciencia”, que “mistificamos” este mundo social, que nos formamos “fetiches” de ella. Precisemos la importancia de la ideología en este sistema económico o en el capitalismo.

Primero, en la actualidad la ideología, la conciencia, desempeña un papel cada vez más importante. El crecimiento del capitalismo contemporáneo es inseparable de la creciente dominación por la ideología. La fuerza directa y la amenaza de la violencia son sustituidas por el predominio del consenso ideológico. La transformación del capitalismo moderno requiere que se dediquen más recursos al control ideológico de la existencia social del que era necesario en el siglo XIX y parte o principios del XX.

Segundo, mientras que el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX se interesaban preferentemente en la producción de bienes materiales, en cambio hoy, “nuestra propia vida está llena de estructuras burocráticas muy complejas y sutiles cuya función principal es el control del trabajo organizado de las masas de hombres y mujeres, se dedican a controlar su ideología, su comprensión del mundo debe ser igualmente organizado y controlado. Ha habido un traslado en el gasto, el cual consiste en dedicarle más recursos a la manipulación de la conciencia que al control directo de dar forma a las entidades materiales, que, al control del trabajo en la producción de bienes, hoy importa más el control de la conciencia que el control del trabajo.

Tercero, controlar, organizar, estructurar, manipular las creencias de los trabajadores contemporáneos, absorbe más recursos que anteriormente, y todo para la mistificación de su ideología. Como vemos, el cambio económico, político y social, no es cuestión de buenos deseos. Continuará…

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