Infodemia y pandemia

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Por primera vez en la historia de la humanidad, a la par de una enfermedad infecciosa que rápidamente se convirtió en una pandemia, cundió una cantidad de información y de desinformación, denominada infodemia, que tuvo consecuencias tan graves como el contagio. La enfermedad contagiosa COVID-19 es la primera pandemia del siglo XXI y seguramente no será la última, solo que en esta todavía hay una fuerte cohabitación de chips viejos con los nuevos, lo que hace difícil la integración y separación de la buena información con la mala.

Nuestro chip viejo indica que solo los ricos pueden viajar al extranjero, y ya desde hace algo de tiempo que no es así. La globalización que es el flujo multidireccional de objetos, personas e información por todo el planeta, hace más fácil y ya no tan exclusivo los viajes. Hay estudiantes universitarios haciendo estancias en otros países, se hacen compras allende las fronteras por Internet. Por eso quienes piensan que el viajar es solo privilegio de los ricos, están completamente equivocados, es probable que el objetivo del traslado sea de placer, pero también hay de trabajo y de estudios.

Otro conocimiento del chip viejo es el tema de las conspiraciones. La creencia de que hay quienes intentan dominar al mundo es de lo más antiguo, y se le atribuye a varias agrupaciones, países, corporaciones secretas de todo tipo, que según los creyentes de este tipo de asuntos es que hay un Pinky y Cerebro en cada esquina al acecho para tenernos en sus manos.

La diferencia entre esta pandemia y las anteriores, el VIH y la influenza, se dieron en otro contexto, es la cantidad de recursos para la comunicación –léase artefactos como teléfonos, computadoras y tablets—, plataformas –WhatsApp, Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y etcétera— en las que corre cualquier cantidad de información del interés del que la emite y en la que pueden caer aquellos que no tienen la habilidad de selección de la información que consume y comparte.

Un asunto que puede ser mencionado como ejemplo son las recomendaciones médicas para el tratamiento de la enfermedad que según lo publicado en Facebook fue resultado de investigadores rusos, y este es un tratamiento de hierbas e infusiones, más propias de abuelitas mexicanas; lo mismo que descubrimientos de investigadores israelíes, y esta información es compartida.

Sin embargo, la cantidad de información que no es correcta ha alarmado y provocado una alerta de la Organización Mundial de la Salud que alude el término “infodemia” para designar la cantidad excesiva de información que dificulta encontrar la confiable y orientación fidedigna. Porque aparecen desinformación, rumores y manipulación que se amplifica por medio de las redes sociales, propagándose más lejos y más rápido que el virus.

Esta desinformación se asimila más rápido y da lugar a cambios del comportamiento que llevan a las personas a tomar mayores riesgos, por lo que agrava la pandemia del COVID-19, perjudica a más personas y pone en peligro al sistema de salud.

En México esta desinformación transmitida en las redes sociales –sobre todo en los grupos de WhatsApp, que son menos controlados– es la que ha ocasionado las agresiones a los médicos y enfermeras. Ocasionado por la idea de que los centros hospitalarios están matando a las personas, sin motivo ni razón.

La infodemia en torno al COVID-19 es más peligrosa que la enfermedad misma por la estigmatización que logra no solo con los enfermos y sus familiares, sino en el linchamiento y amenazas a personal médico y de atención. Y este fenómeno, al igual que el COVID-19, solo podrá ser detenido en la medida de que quienes lo propagan, que son las personas que comparten toda serie de tratamientos, lo dejen de hacer.

Tanto la infodemia como la pandemia del coronavirus solo será detenida por una actitud personal de cuidado y contención. Es lo mismo que usar cubrebocas, lo hacen quienes están interesados en no contagiarse ni contagiar, así la infodemia, quienes estén interesados en no continuar propagando desinformación se abstendrán de compartirla.

 

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