Instituto del malestar

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A ver, a ver… Con bombos y platillos, el presidente Andrés Manuel López Obrador festejó la entrada en vigor del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que sustituye al Seguro Popular y elimina el Fondo de Riesgos Catastróficos y el Mecanismo Financiero, con el que se garantizaba la atención médica en hospitales de tercer nivel, donde se trataban enfermedades complejas de alta especialidad como el cáncer.

Andrés Manuel, en un mensaje de triunfalismo, consideró como un gran paso comenzar el año con el funcionamiento del Insabi, “que garantizará la atención médica y entrega de medicinas gratuitas a toda la población sin estar inscrita para recibir la atención; ya nunca más será negocio de nadie”.

Empero, esto es una vil mentira.

La Secretaría de Salud, en un comunicado, reconoció que los hospitales e institutos seguirán “cobrando cuotas de recuperación” porque resulta imposible solventar todas las carencias de cobertura.

A su vez, Juan Antonio Ferrer Aguilar, director del Insabi, señala que el artículo 77 de la Ley General de Salud establece que la prestación de servicios es gratuita “aunque la cuota de recuperación está en la ley”.

O sea, Andrés Manuel, asesorado por un grupo de extremistas que adora el modelo cubano de salud pero que se trata en los hospitales privados más caros, como Asa Christina Laurell, subsecretaria de Integración y Desarrollo del Sector Salud, no solo le rompió toda la médula espinal al Seguro Popular, porque supuestamente no era “seguro ni popular”, sino que condenó a la muerte a millones de mexicanos que no tienen IMSS o ISSSTE.

Sin reglas de operación, sin recursos suficientes, personal médico y, lo peor, cobrando, sí, cobrando cantidades altas como si fueran robos en despoblado, los pacientes pobres son ahora los que están pagando las consecuencias de las ocurrencias e improvisaciones de un gobierno que nada hace bien. La desesperación de los enfermos y familiares más desprotegidos lloran su desgracia mientras se escuchan las carcajadas en Palacio Nacional.

Julio Frenk Mora, exsubsecretario de Salud y artífice del Seguro Popular, acusó al gobierno de la T4 de privilegiar la ideología de izquierda cubana y no la eficacia ni la calidad. Todo lo quiere destruir pero no sabe cómo sustituirlo para que funcionen bien las cosas, dice.

En tanto que Salomón Chertorivski, exsecretario de Salud, advierte que, al no estar afiliados a un padrón, como era en el caso del Seguro Popular, se condena a los pacientes a la incertidumbre y al desorden.

Según se observa, el gobierno de la T4 actúa con el hígado y por eso todas las cosas le salen mal.

Hasta para regalar dinero está enredado en su propia madeja. Por ejemplo, a miles de personas de la tercera edad con derecho a la pensión simplemente no les llegan los recursos a pesar de que tienen la tarjeta desde hace meses.

Y eso de crear sucursales bancarias al estilo echeverrista en todo el país con un alto costo para el erario público nos recuerda al Banrural, que a la larga se convirtió en el famoso Bandidal, un nido de pillos y rémoras pegados al presupuesto público.

De por sí el servicio público de salud ha sido muy malo, pero ahora, con estos palos de ciego, las cosas están empeorando, dice doña María del Socorro García, paciente del Hospital General Ciudad de México.

No se vale que se juegue con la salud de los mexicanos; es decir, que se engañe vilmente a la gente con que serán gratuitos las medicinas y todo el servicio médico y sea lo contrario. Y no solo eso, sino que se hable de una campaña mediática. Qué descaro, dice el médico del Hospital Siglo XXI, Manuel Fernández del Campo.

En efecto, cada gobierno impone su estilo de gobernar, pero también debe preservar lo que funciona y lo que no, perfeccionarlo o eliminarlo. Pero el pueblo no debe permitir que un nuevo gobierno de presuntos iluminados destruya todo con el cuento de ser obras neoliberales. El dinero, las obras y las instituciones son del pueblo, no de los gobiernos.

Si aceptamos que se destruya todo, entonces veremos caer edificios, escuelas, universidades, hospitales, el sistema financiero, medios de comunicación, instituciones, etc., por prejuicios ideológicos, digo.

Y con esa visión miope nunca llegaremos a tener un sistema de salud al estilo Dinamarca, Suecia o Noruega, como lo prometió Andrés Manuel, y sí, el llamado Instituto de Salud para el Bienestar estará condenado a ser el instituto para el malestar. ¡Ja! Veremos, veremos, veremos.

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