Jornada electoral pactada

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Adán Ríos Parra

Pareciera que cada seis años se reinventara la entidad. Los hasta ahora aspirantes buscan afanosamente ser precandidatos, pero en alianza, y la izquierda se fragmenta, se une a la derecha, y los partidos bisagra, o con poca representación, todavía no se definen.

Es la eterna lucha porque al final, los partidos se convirtieron en una forma más de arribar al poder, nutridos por militancia de sindicatos, de organizaciones sociales y de líderes que le apuestan al mejor postor.

En ese escenario, pareciera que nos ofrecen lo mismo de hace tres años, acabar con la corrupción, o de hace seis años, acabar con la inseguridad, lo mismo de hace doce años, fomentar el crecimiento y el desarrollo económico para mejorar las condiciones de las familias guerrerenses. Lo mismo, siempre lo mismo.

En las demás entidades donde se realizaran comicios las cosas no están mejor, las recientes elecciones de hace un mes confirmaron que nada es para siempre y que el pueblo lo mismo puede dar su confianza a un partido o a un candidato que tres años después al sentirse utilizado, abandonarlo.

Los eternos aspirantes, y que van de partido en partido, y que saben cómo se manejan y tejen las redes del poder, buscan afanosamente negociar así sea con los adversarios y dar un espectáculo electoral que pareciera democrático.

Lo que se avecina, como en otros tiempos es la confrontación entre grupos de poder, como si se tratara de ver quien arroja más lodo al otro, o demuestra mayor fortaleza y los debates son interesantes porque siempre dicen lo que van a hacer una vez que se instalen en la silla, pero rara vez muestran el cómo, la estrategia.

Por eso se acusa a quienes hoy son gobierno que no es lo mismo ser oposición y a algunos partidos y grupos de poder se les da bien eso de andar en las calles manifestando su inconformidad pero a la hora de tomar decisiones cambian o dan un giro en el discurso político.

Todavía queda en el imaginario social que con la llegada al poder de un grupo de la izquierda en la entidad, sería un caos en la gobernabilidad y curiosamente hubo estabilidad en esa alternancia pactada.

Llamar a votar sería lo más sensato, porque si los electores ejercen su derecho, los grupos de poder, le apostarían a elegir un candidato que realmente tenga posibilidades de triunfo, por su trabajo demostrado a través de los años y no solo en coyunturas políticas que les favorecen.

La sociedad se ha transformado y la participación ciudadana aunque no nos agrade suele dar sorpresas. Para aquellos que siguen suponiendo que se puede manipular una elección, la alternancia en el poder ha sido una muestra clara que nada perdura para siempre y que los electores suelen dar sorpresas.

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