La 4T y el sistema político mexicano

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La semana pasada se cumplió un año del acceso a la presidencia de la República del país, por una de las organizaciones que se reivindican de izquierda de las muchas que hay en México, y que se ve representada por el partido Movimiento de Regeneración Nacional y por Andrés Manuel López Obrador, como principal dirigente, que es además el presidente y el principal pegamento que tiene Morena para aglutinar las simpatías de millones de mexicanos que simpatizan con ese partido.

Morena como agrupación es la más joven de los partidos políticos en México, apenas se aprobó su constitución en el 2014, pero sus dirigentes y simpatizantes tienen una larga trayectoria de participación y trabajo político. Este partido y este gobierno presumen que impulsan una nueva transformación en el país, similar a la que se dio con la independencia, a la reforma y a la revolución mexicana, cuyos referentes históricos están dentro del imaginario colectivo a través de Morelos, Benito Juárez y Francisco Madero.

Pero la historia la hacen los hombres y como decía Terencio en ellos nada de lo humano es ajeno. Y más cuando esos hombres preservan sus tradiciones, sean buenas o malas, pero cambiarlas es muy difícil por lo que se traslada a sus formas de organizarse. Así partido y gobierno, en la que están inmersos quienes dicen realizar la cuarta transformación, continúan con las mismas prácticas de antes.

Hace 47 años, en 1972 el enorme intelectual mexicano Daniel Cosío Villegas publicó su libro clásico “El sistema político mexicano”, en el señalaba que este tenía dos pilares fundamentales, el presidente y el partido; se refería al Ejecutivo quien era el aval para impulsar carreras políticas tanto legislativas, como en el Poder Judicial y en la administración pública.

Al presidente se debían todos. Mientras que el partido, es decir el PRI impulsaba a quienes el presidente designaba, esto iba en cascada de arriba hacia abajo; lo mismo hacían los gobernadores en los estados, pero a los gobernadores los designaba el presidente. A través del partido se asignaban los recursos, los ascensos y el acceso laboral.

Era el partido por medio de los sectores obrero, campesino, urbano popular, que repartía apoyos a quienes le brindaban respaldo, bajo esa condición se distribuían los derechos en forma de prebendas.

El PRI nunca fue monolítico, sus movimientos pendulares en el espectro político que fueron de la derecha e izquierda, en sus 71 años de poder, de 1929 hasta el 2000, en que perdió la presidencia, obedecía a las características personales de quien ocupaba la silla presidencial. El PRI aglutinó a los generales revolucionarios para canalizar sus ambiciones por la vía institucional y no de las armas. Esto funcionó hasta 1987 cuando se escindió y estuvo a punto de perder el poder en 1988, pero una oportuna caída del sistema de cómputo lo salvó.

Pero se pudo conocer que una derrota del partido fuerte sólo podría venir del mismo tronco. En eso se asemeja Morena con el PRI. De hecho, son muchas más las semejanzas que las diferencias.

La primera es que en la cuarta transformación también los puntales del sistema político son al presidente y el partido. Muchísimos de quienes llegaron a cargos de elección popular lo hicieron no por su trayectoria sino por ser presentados por un partido que arrasó.

Segunda se trata de un partido que aglutinó a muchos generales, la mayoría obtuvo sus estrellas después de asumir el poder, por la disposición de recursos públicos que podían entregar a sus seguidores.

Tercera la división y la lucha por el poder ha dividido en pedazos a nivel nacional y en pedacitos a nivel regional a un partido, pero que apenas está unido por la figura de Andrés Manuel. En el momento que esa figura de autoridad comience a diluirse también se va a desmoronar lo que se construyó en torno a ella.

Cuarta, al igual que en el PRI, en Morena la principal fuerza capaz de competirle el poder será la que se genere desde su interior, puesto que la oposición partidista se encuentra muy disminuida serán las escisiones que devengan del morenismo las que causen su debacle.

Y así pudiéramos seguir enumerando, pero dejemos esa cuenta para señalar que los 71 años de poder del PRI obedeció a un sistema de reglas escritas, pero las que tenían un mayor peso eran las no escritas, esa es una tradición que también prevalecen; sin embargo, es bueno preguntarse cuántas elecciones presidenciales será capaz de ganar Morena. Porque sí algo hay de cierto, es que ahora ningún partido está destinado en México para conservar el poder durante mucho tiempo.

Morena apenas lleva un año en el poder, se trata de un partido precoz para obtener el poder, veremos si también es precoz para perderlo en cuanto termine la vigencia de su liderazgo moral, el de Cuauhtémoc Cárdenas duró más o menos 18 años, y es más o menos el tiempo que tiene hasta el momento Andrés Manuel López Obrador y las grietas de la división se notan en muchos lados. Y cuando un partido se comienza a ver agrietado y también es porque se le nota lo agotado, y apenas lleva un año.

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