La elección interna del PRI

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El Partido Revolucionario Institucional siempre fue más Institucional que Revolucionario. Desde su fundación, desarrollo y situación actual siempre fue apegado al poder, en su clásico libro “El sistema político mexicano”, Daniel Cosío Villegas señalaba que el partido y el presidente eran los puntales de aquel. El presidente autorizaba e impulsaba trayectorias y carreras políticas y el partido postulaba.

A diferencia del 2000, el PRI ahora se encuentra en una franca crisis de liderazgo. Así que si se consideran las acusaciones en contra de Alejandro Moreno de que se trataba de un candidato apoyado e impulsado desde la presidencia que encabeza Andrés Manuel López Obrador y con la cargada de los gobernadores priistas, sería una muestra de que el PRI no sabe vivir sin el liderazgo del presidente.

Sin embargo, las dolencias no son solo de ese partido, lo mismo ocurre con el PAN y el PRD, con Marko Cortés y Ángel Ávila, que tienen liderazgo solo formalmente pero no realmente, con el carisma de muchos que lo fueron en años anteriores, ahora solo se trata de personajes a los que el cargo les da investidura, pero no le dan relevancia al cargo ni con discurso ni capacidad de debate, apenas son conocidos por el cargo que ocupan pero son completamente irrelevantes.

El sistema de partidos con el carácter competitivo que se conoce ahora tiene apenas 30 años, aunque el Partido Acción Nacional tiene más años de haberse fundado y haber obtenido algunos triunfos municipales, y el Partido Comunista Mexicano también compitió y ganó al igual que el blanquiazul a mediados de los 80, fue a partir de la fundación del PRD que el PRI dejó de tener garantizados todos los triunfo electorales.

Sin embargo, las elecciones del 2018 dejaron como resultado una fuerte crisis institucional de los partidos políticos, y se regresó de nueva cuenta al caudillismo que se creía superado precisamente con la conformación del PRI en 1929. Esta crisis institucional de los partidos se muestra en la falta de esos liderazgos reales que confronten ideas y proyectos de nación.

Porque incluso el partido en poder que es Morena, se encuentra fragmentado en muchos grupos a nivel estatal y por lo menos en tres a nivel nacional, y solo se pliegan a la figura del presidente, quien al igual que la tradición priista es el que da y otorga validez a las trayectorias políticas. Es entonces en este contexto general en el que se registra la crisis del PRI, en una crisis institucionalizada de los partidos y del sistema de partidos en México.

El hecho de que los priistas se volcaran a votar por Alejandro Moreno “Alito”, señalado de ser candidato de López Obrador, refleja que se repite la historia y la naturaleza del PRI, que no se dio en el caso de cuando perdió ante el PAN en dos sexenios, en que pudo salir adelante y resurgió.

Y eso que con el PAN había mucha más cercanía que con Morena, entre cuyos militantes el PRI era la representación del mal en la tierra y causante de todos los males que ocurren en el país.

En cualquier sistema de partidos se requiere de partidos políticos leales al sistema, tal como ocurrió con el PAN cuando el PRI era partido dominante, e incluso el PRD, pero a diferencia de Morena, su comportamiento ha sido semileal y sus dirigentes en ocasiones han reconocido las reglas y en otros las han desconocido, y ahora mismo como partido en el poder está rompiendo muchas reglas y leyes del sistema político.

Pero el hecho de que partidos políticos se comporten como satélites de otros, tal como ocurrió con el PARM y el PPS hace años, que eran partidos satélites del PRI, es lamentable. Por lo pronto, el hecho de que el PRI de la mano de “Alito” se convierta en un partido satélite de Morena es un riesgo que no se debe correr.

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