La enajenación versus inteligente reflexión

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LA HUMANIDAD TIENE AHORA UNA CARACTERÍSTICA MUY ESPECIAL: EL EMBELESO, EL SACARSE FUERA DE SÍ, EL TURBARSE DE LA RAZÓN, EN FIN; el enajenarse. Una de las consecuencias de ese embeleso, de esa enajenación, es la pérdida del interés por la reflexión. Opiniones de mi maestro Arredondo Muñoz Ledo.

HASTA HACE UNOS CINCUENTA AÑOS —EN MENOS DE UNA GENERACIÓN—, LOS “ADELANTOS” TÉCNICOS Y CIENTÍFICOS FUERON TAN rápidamente acelerados que mataron quizá para siempre en nosotros, la admiración, la sorpresa y el asombro. Nadie se admira de nada. Con la energía eléctrica, la electrónica, las comunicaciones, las naves y cohetes espaciales, la energía atómica. ¿Quién se sorprende? ¿Quién se asombra por ver en la televisión escenas del otro lado del mundo de acontecimientos de ese mismo momento? ¿Quién se asombra ya con las “maravillosas funciones” de un teléfono llamado “celular”? (Que no es más que aparato de radiocomunicación). Hasta han inventado el verbo “chatear”, para indicar el establecimiento de una comunicación con desconocidos por medio de la computadora. ¿Quién se asombra con los modernos aviones, si ya se puede viajar a la luna y, más allá, al espacio cósmico?

NUESTROS MAESTROS DE MATEMÁTICAS, NO NOS PERMITÍAN EL USO DE LAS “NOVEDOSAS” Y MARAVILLOSAS CALCULADORAS DE BOLSILLO, PORQUE se nos exigía —hablo apenas de los finales del siglo pasado—, primero dominar las operaciones fundamentales para luego usar esos artefactos. Hoy la cosa es muy distinta (inclusive para los nuevos profesores), los “escueleros” no resuelven nada sin calculadora. Aunque casi siempre ni con ella, si hablamos del ámbito de la enseñanza Básica y Media Básica.

SE PUEDE DECIR, ENTONCES, QUE LA ENAJENACIÓN TRAJO COMO CONSECUENCIA LA PÉRDIDA DEL ASOMBRO, DE LA SORPRESA Y DE LA admiración; pero también de habilidades, destrezas y actitudes. Estas últimas generaciones no saben pensar, razonar, analizar, sintetizar, deducir, abstraer, inducir, discutir; no saben fundamentar lo que dicen. No saben ni estudiar ni aprender. Por ella, por la generación, “piensan” las máquinas. Un individuo ya sabe que si su lógica difiere de la que proporciona la máquina, la suya está equivocada. Los genios, son otra cosa.

LAS MÁQUINAS SE HAN APROPIADO DE TODOS LOS HOGARES, EN DONDE LAS FAMILIAS APARENTEMENTE UNIDAS ESTÁN SEPARADAS POR UNA telaraña de hastío, absortos y embebidos frente al aparato que se ha vuelto imprescindible, con el que no existe la mínima posibilidad de diálogo, quedando cada uno de los individuos que la miran y escuchan, totalmente imposibilitados de emitir una opinión, debido a la ausencia del interlocutor.

EL SER HUMANO QUE FUE CAPAZ DE INVENTAR EL LENGUAJE COMO MÁXIMA PRUEBA DE SU RACIOCINIO, TAMBIÉN HA INVENTADO LOS TÉRMINOS que lo identifican, ahora que ya ha perdido su individualidad, se ha autoclasificado como televidente, cibernético, “chateador”, automovilista, etc, etc.

LOS SERES HUMANOS TRANSITAMOS —SIN ASOMBRO—, EN UN MUNDO DE COMODIDADES, DONDE TODO SE HACE “MÁS RÁPIDO”, “MÁS sencillo”, “más práctico”, “más barato”; pero más dirigido y más impensado. Estamos en un mundo en el que lo que importa es estar “a la moda”, a la moda que la televisión nos dicta. Consumimos, usamos, nos untamos, olemos, bebemos, comemos, nos curamos con lo que se nos insiste debemos hacer. No hay manera de discutir, de discernir y, en su avance, ya estamos en el último grado de la enajenación. ¿O, usted qué opina? FIN.

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