La ética de las alianzas

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Hasta hace unos días el proceso para la contienda por la gubernatura en la entidad parecía decantado a favor de Morena, independientemente de quien fuera su candidato, así lo reflejaban las encuestas, el ánimo popular y los resultados de los últimos comicios. Morena, como partido estaba pasando por el mismo que ya pasaron el PRI y después el PRD en otros momentos de la vida política electoral en Guerrero, tal parecía que la elección constitucional sería de trámite con una oposición sólo de carácter testimonial y sin ninguna posibilidad de triunfo.

Los resultados de senador, por mencionar a la elección más cercana al contexto estatal, por territorio, Morena ganó con un muy amplio margen. Frente a ese escenario se cuestionaba la capacidad competitiva tanto del PRI como del PRD. Al menos se consideraba que quien fuera el candidato de esos partidos sería sólo para cumplir el requisito de presentarse a la elección. La lectura de ese escenario también la tuvieron los liderazgos, formales y reales, de ambos partidos y por ello concretaron la alianza para postular un candidato en común a la gubernatura de Guerrero.

Pero esta coalición ha sido considerada como una falta de ética de parte de quienes han impulsado esa unión partidista, porque fueron “archienemigos” en el pasado. Y efectivamente, el PRD fue la primera oposición competitiva que tuvo el PRI a finales de la década de los 80, cuando se fundó. Primero a nivel nacional, en la elección presidencial de 1988 y posteriormente a nivel estatal, cuando le comenzó a disputar el poder en los ayuntamientos y en las diputaciones federales y locales.

En esta evolución competitiva que creció en 1997 cuando ganaron todos los distritos federales, llevó a ganar la gubernatura en el 2005 con Zeferino Torreblanca Galindo y en el 2011 con Ángel Aguirre Rivero. Dos elecciones de gobernador ganado por el PRD y sus aliados.
Sin embargo, esa racha ganadora del Partido de la Revolución Democrática no se logró sólo con candidatos provenientes de la vieja e histórica izquierda guerrerense, que si los hubo, pero fueron los menos. En ese periodo de triunfos electorales participaron muchos de quienes renunciaron al PRI cuando se les negó en ese partido la posibilidad de ser candidatos. E incluso hay nombres de quienes fueron en una ocasión presidentes municipales primero por el PRI y luego por el PRD.

La racha ganadora llevó al PRD a una especie de soberbia política que se mostró en una frase “hasta con una vaca ganamos”. La distribución de las candidaturas fue relegando liderazgos y generaron problemas de tal manera que en el 2014 se escindió ese partido y se formó Morena, desfundando al PRD y en términos generales lo mandó a un tercer lugar en la posición de resultados.

En Morena, al igual que en el PRD hay quienes provienen de otros partidos, entre ellos el PRI. Dentro del PRD siempre que hubo oportunidad de tener un candidato competitivo aunque proviniera del PRI se le postuló, la ética, que según el Diccionario de la Lengua Española es “el conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”, no entraba a discusión. En el proceso previo a la elección del 2011, el PRD se encontraba frente a una franca desventaja competitiva contra el PRI, quien lo salvó y le refrendó el triunfo como partido fue Ángel Aguirre Rivero, que renunció a una vida dentro de ese partido.

Lo que se maneja como “ética” en este discurso en contra de la alianza es en realidad lo que se conoce como “doctrina”, que de acuerdo también al Diccionario es el “conjunto de de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas sustentadas por una persona o grupo” y que se difunden para que los demás lo crean. Y esto tiene que ver con los grupos dominantes, porque definen a partir de sus propios criterios lo que es “bueno” o lo que es “malo”.

Morena también está conformado en sus cuerpos de dirección por muchos expriistas, pero la doctrina que se está difundiendo es que una alianza con ese partido “es cosa del demonio”. Este discurso que tiene como fin desacreditar una alianza y deshacerse de ella, es por el carácter competitivo que asumen.

Pero si hay algo cierto es que una elección sin oposición es algo aburrido…

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